Curva invertida, ¿recesión en puerta?
Por Gabriela Siller
El pasado viernes 22 de marzo, el diferencial entre la tasa de los bonos del Tesoro a 10 años y los T-bills a 3 meses se volvió negativo por primera vez desde agosto de 2007, es decir, la tasa de interés de menor plazo superó la de mayor plazo, algo que para estos vencimientos en particular ha sido un buen predictor de recesiones económicas en Estados Unidos desde la década de 1960. Una explicación detrás de este comportamiento es que, si los participantes del mercado consideran que habrá una desaceleración económica y con esto una política monetaria acomodaticia con menores tasas de interés, se eleva la demanda por bonos de mayor vencimiento que ofrecen una mayor tasa. No obstante, la mayor demanda por los bonos de largo plazo, eleva su precio y por lo tanto reduce su rendimiento.
En esta ocasión, lo que ha ocasionado que el diferencial entre la tasa de largo y de corto plazo se vuelva negativo, es la expectativa de que la actividad económica de Estados Unidos y del globo se desacelerará en los próximos meses. El miércoles, la Fed ajustó a la baja sus previsiones de crecimiento e inflación y envió la señal de que no planea volver a subir su tasa el resto del año. Por su parte, el viernes los indicadores PMI manufactureros de la Eurozona apuntaron a una probable contracción del sector durante el primer trimestre, particularmente en Alemania.
Es importante señalar que una vez que las tasas de instrumentos de mayor plazo se ubican por debajo de las tasas de menor plazo, no necesariamente se observa una recesión de manera inmediata, sino hasta después de 12 meses. De hecho, la última vez que se dio este fenómeno fue entre 2006 y 2007, pero la recesión se confirmó hasta la segunda mitad del 2008. Sin embargo, el rendimiento de las tasas de interés puede estarse viendo afectado por la política monetaria acomodaticia en un periodo tan largo por parte de la Reserva Federal. Además, este método de pronóstico de recesión no es infalible, pues la curva invertida ha dado falsos positivos en el pasado, particularmente en 1966 y en 1998, cuando no se presentaron recesiones en los años posteriores inmediatos.
De acuerdo a un modelo realizado por Banco Base, en donde se incluyen varios factores, entre los cuales está el diferencial entre los bonos del Tesoro a 10 años y los T-bills a 3 meses, se estima que la probabilidad de que Estados Unidos entre en recesión dentro de 12 meses se ubica en 33.6%. Utilizando datos históricos, se encontró que al alcanzar 40% de probabilidad se activa una recesión. Es decir, aún no puede pronosticarse una recesión para Estados Unidos, pero los indicadores económicos parecen estarse moviendo rápidamente a un escenario en donde esta es probable hacia la segunda mitad de 2020.
La reacción de los mercados financieros ha sido consistente con un incremento de la aversión al riesgo. En Estados Unidos los principales índices del mercado de capitales acumulan pérdidas mayores al 2% entre la sesión del viernes y el lunes, mientras que en México la caída del IPC también es cercana al 2%. La tasa de los bonos del Tesoro a 10 años mostró un descenso de 15 puntos base, lo que ha contribuido a que el diferencial de tasas se vuelva negativo.
Finalmente, en el mercado de divisas el peso sigue oscilando alrededor de 19.00 pesos por dólar, como consecuencia de un debilitamiento del dólar, dado que el mercado especula con una probabilidad de 63% que la Fed podría recortar su tasa de referencia antes de que finalice el año.
Gabriela Siller es directora de Análisis de Banco Base