Se trata de conocernos como personas y como sociedad
Solo entendiendo nuestra propia verdad podremos tener compasión por los demas.
Hiram Peón Lara
Recuerdo que, en la primaria nos decían que “los seres vivos nacen, crecen, se reproducen y mueren” y eso le llamaban el ciclo vital.
Una vez que lo aprendimos no lo discutimos, ni siquiera nos preocupó que fuera cierto. Lo dimos por hecho. Y así muchos emprendimos la aventura de vivir con la mente puesta en que se trataba de crecer, desarrollarse, reproducirse y luego morir.
Con el tiempo caímos en la cuenta de que alguna característica particular debería de tener el hombre para plantar su señorío sobre esta tierra, pensar.
Si es cierto, el hombre piensa. No siempre, pero a veces realmente piensa.
En el transcurso de la vida, resulta que repetimos patrones de conducta que nos dieron algún resultado positivo, es decir, que han probado ser efectivos y eficientes.
Y entonces, sin pensar, reaccionamos ante el devenir de la vida, repitiendo una conducta y esperamos el mismo resultado, sin pensar.
Algunas conductas que repetimos nos permiten hacer con eficiencia el trabajo en que nos ocupamos, las mismas conductas nos permite relacionarnos con personas que simpatizan con nuestras creencias e ideas y a esos les llamamos amigos.
Hay personas que no solo simpatizan con nosotros, sino que desarrollamos por ellas una dependencia, un afecto, y la creencia de que el futuro a su lado será bueno, que podemos caminar juntos por la vida y a esos les llamamos pareja.
Luego nos metemos en el embrollo de las promesas mutuas, algunas ante la sociedad, la ley, y otras ante el ser supremo en el que creemos como ejemplo de vida y camino de trascendencia vital. Y después de tales promesas, la pareja se llama a sí misma familia.
Y luego, bueno luego seguimos los patrones que aprendimos de nuestros padres, para repetirlos o para hacer exactamente lo contrario. En esto podríamos creer que si el padre fue un maltratador de la familia, nosotros seremos muy respetuosos; si los padres fueron muy apartados, y no mostraban afectos, nosotros seremos toda dulzura y comunicación abierta con nuestros hijos.
Y así seguimos navegando con rumbo o al garete, viviendo en pareja o en familia, caminando juntos o solos, creyendo que estamos cumpliendo nuestro propósito en la vida. Y cuando tenemos dudas, en medio de una conversación dejamos caer la bomba “¿para que vivimos?” y luego las respuestas pueden ser lapidarias. “Para ser campeones con la raya” o “con los tigueres”. Es igual.
De pronto nos damos cuenta que nuestro propósito es muy chiquito.
Muchos filósofos y pensadores, 600 años AC, por hablar de la corriente de los pensadores griegos. O de los filósofos de nuestro tiempo. Muchos de ellos han pensado, todo el tiempo que el resto de la humanidad no piensa, que venimos a trascender nuestra existencia terrena.
Otros muchos, la gran mayoría, piensan que venimos a “observar”. A observar lo que hacemos y lo que hacen los demás.
Sus recomendaciones son poner la atención, el intelecto, en lo que hacemos para comprender porque somos como somos. En suma, observar para conocerse a sí mismo.
Pero ahí no para la cosa, no basta tratar de conocerse a sí mismo, se trata de comprender que lo único que podemos cambiar es a nosotros mismos, pero después de observar, después de comprender porque hacemos lo que hacemos. Una vez que aprendemos a tener compasión por nosotros, amor verdadero por nosotros mismos.
Y una vez que tenemos un atisbo de como somos y porque hacemos, entonces tratar de comprender a quienes nos rodean, en círculos concéntricos, primero a mi pareja, mis hijos, mis amigos, y así hasta abarcar a la sociedad donde vivimos. Hasta comprender a los regiomontanos o a los congéneres que nos rodean. Hasta tener verdadera compasión por nuestros hermanos, los que caminan ciegos y sordos, en este momento vital en el que vivimos.
No es fácil, pero solo así, podremos intentar cambiar esta sociedad que ha veces se muestra cruel y despiadada y a veces se vuelve como una madre protectora y amorosa.
Mantengamos la esperanza. Hasta la próxima.
El autor es experto en comunicación corporativa y situaciones de crisis. Cuenta con un MBA del ITESM
Contacto:
Mail: hirampeon@gmail.com
Twitter: @Hirampeon