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Sobrecapacidad china y desindustrialización es el desafío para las cadenas productivas de América Latina.- ALACERO

Las exportaciones chinas de acero hacia la región crecieron un 233% entre 2010 y 2024

17 de septiembre de 2026.- La expansión exportadora china aumenta la presión sobre una industria latinoamericana que ha perdido peso en las economías de la región. El desafío alcanza tanto a la producción y el empleo como a las redes de proveedores y conocimientos que sostienen las cadenas de valor.

Jorge Guajardo, exembajador de México en China y especialista en geopolítica y comercio, vincula el origen de este fenómeno con la transformación urbana e industrial del país asiático. Durante décadas, la construcción de ciudades e infraestructura impulsó una enorme demanda de acero, cemento, vidrio y otros insumos, que China abasteció mediante el desarrollo de su propia industria.

Para ilustrar esa escala, Guajardo señala que, entre 2000 y 2020, China utilizó más acero que Estados Unidos en un siglo. Según explica, al desacelerarse la demanda que impulsó esa expansión, permanece una capacidad instalada que busca colocar su producción en otros mercados.

China concentra alrededor del 52% de la producción mundial de acero crudo, con 960.8 millones de toneladas (Mt) en 2025. Sin embargo, ese año su producción superó en 131.4 Mt la demanda interna: un excedente equivalente, aproximadamente, al consumo anual de Estados Unidos, México y Canadá juntos. Entre 2010 y 2024, sus exportaciones de acero aumentaron un 181% a nivel global y un 233% hacia América Latina.

La competencia no se produce en igualdad de condiciones. El modelo industrial chino está respaldado por subsidios y apoyos estatales que inciden en costos de producción como la energía y el financiamiento. Esto permite colocar productos en los mercados internacionales a precios artificialmente bajos, difíciles de igualar para productores que operan bajo condiciones normales de mercado. Según el FMI, el apoyo industrial chino equivale al 4.4% de su PIB. Para dimensionar esa magnitud, Guajardo la compara con la suma de los presupuestos anuales completos de México, Colombia y Argentina para 2026.

En el análisis de Guajardo, el endurecimiento de las medidas comerciales en Estados Unidos, Europa y otros mercados favorece la búsqueda de destinos alternativos y aumenta la exposición latinoamericana. Esta presión se suma a un deterioro de largo plazo del peso de la manufactura: el PIB manufacturero en América Latina cayó 4 puntos porcentuales (p.p.), al comparar el período 2010–2023 con 1990–1999, según datos del Banco Mundial y la CEPAL.

Guajardo advierte que la desindustrialización puede comprometer ecosistemas productivos completos. El cierre de una fábrica afecta también a proveedores, servicios especializados y trabajadores cuyos conocimientos pueden ser difíciles de recuperar. Frente a ese riesgo, propone monitorear importaciones, anticipar desvíos de comercio y combinar herramientas de defensa comercial con mayor rapidez y coordinación.

“Garantizar condiciones justas de competencia es fundamental para sostener el empleo, la inversión y el desarrollo industrial de América Latina. Cuando una fábrica cierra, el impacto alcanza a toda su cadena de valor y a las comunidades que dependen de ella. Por eso necesitamos una respuesta más rápida y coordinada frente a las prácticas desleales”, señaló Ezequiel Tavernelli, director ejecutivo de Alacero.

El análisis completo sobre el origen de este fenómeno, sus consecuencias y las posibilidades de acción está disponible en “Desindustrialización en América Latina: ¿por qué todo apunta a China?”, desarrollado junto a Jorge Guajardo.

 

 

Reportacero

 

 

 

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