Colaborador Invitado

Somos peregrinos solitarios

Tú decides cómo vivir tu camino.

REFLEJO INTERIOR

Hiram Peón Lara

La semana pasada decíamos que todos somos viajeros y cada quien elige cuál camino tomar. Hablamos un poco del Camino de Santiago.

También decíamos que la razón del viaje podría ser: un acto de devoción, una búsqueda espiritual, encontrar respuestas para algunas preguntas que nos persiguen y, si tenemos suerte, la paz interior.

Como todos los viajes que emprendemos, solo el que está en el viaje sabe cómo lo vive.

Lo que si se, es que las personas que conozco, y que han emprendido este viaje en el Camino de Santiago, han regresado transformados. También se que el Camino de Santiago es como la vida misma.

No hay manera de evitar tomar un camino pues, aunque no lo elijas, tienes que caminar y seguir andando.

Hay quienes se quedan a la orilla del camino, y solo ven pasar a los demás, y también ese es un camino. Parece como si no estuvieras haciendo nada, pero aún así estás viviendo la oportunidad de aprender algo. Lo que sucede es que, al quedarte ahí de pie, estas renunciando a aprender, estas renunciando a cambiar, estas renunciando a moverte.

Pero alguien podría decir “si estoy haciendo, estoy caminando, estoy viviendo”. Pero resulta que no es así, no estás caminando, la ira permanece en ti explotando en cada momento, el miedo a cambiar sigue ahí y por lo tanto no te atreves a dar el paso, el dolor y la culpa siguen bloqueando la salida.

Entonces en tu vida, en realidad, estas caminando una ruta estéril, en la que estas repitiendo una y otra vez el mismo ciclo, las mismas rutinas, en el mismo lugar y con los mismos pobres resultados. Entonces parece que estas caminando, pero en realidad estas a la orilla del camino viendo como los demás pasan a tu lado.

Quizá alguien se detenga a tu lado y te empiece a decir que hacer. Quizá lo escuches y entiendas de qué está hablando, quizá decidas arriesgarte y dar ese paso, el paso que no te llevará a donde quieres ir, pero que te sacará de ese estado cómodo, o de ese lugar en donde estás atrapado. Quizá la puerta está ahí, quizá no sabes que tú eres la llave.

Quizá por eso Gibran Jalil, el poeta del Líbano, dejo escrito en un aforismo: “El paraíso está ahí, detrás de esa puerta, en la habitación contigua; pero he perdido la llave. O acaso únicamente la haya extraviado”.

En el camino siempre encontraremos puertas, muchas de ellas no las veremos, y otras las veremos con mucha claridad, y puede suceder que, tal vez, no podremos reconocer que tenemos la llave o que nosotros mismos somos la llave.

El camino es solo una forma de describir la vida. Caminamos, cambiamos, crecemos como personas.

Podemos enfrentar la vida como llena de retos y con las piedras del camino podemos construir murallas. Y así creemos que logramos algo, soñamos en estar protegidos.

También podemos tomar las piedras y las hacemos a un lado para que los que vienen detrás no se tropiecen, pero eso es también una ilusión, porque cada quien pone sus propias piedras.

Hay quienes no verán las piedras y será como si las dejáramos ahí, será como si pasáramos a un lado y decidimos que “ese obstáculo no es mío, es de alguien más”.

O podemos tomarlas como señales, como indicaciones que marcan tiempos de reflexión, de recuperar fuerzas, de sembrar o de cosechar, de revisar el equipaje, tiempos de mirar en el interior para saber más sobre quienes somos o para que caminamos esta senda.

Esa mirada al interior de la mochila, para revisar el equipaje, para saber lo que hemos estado cargando, son oportunidades de soltar lo que no es nuestro, de dejar ir lo que no nos pertenece.

Son oportunidades de abandonar viejos hábitos, creencias que nos limitan, tristezas y recuerdos que ahora duelen menos y pueden regresar a donde pertenecen.

Es el camino y cómo lo caminamos lo que importa.

No es la meta ni el final del camino, porque todos llegaremos al mismo sitio y para unos será como una puerta más o será como enfrentar un terrible miedo.

Depende del ánimo con el que viajas, si usaste con sabiduría los regalos y premios que tomaste del camino, o si viajaste ligero porque te diste cuenta que lo que importa es la experiencia que viviste y quienes estaban ahí.

Mantengamos viva la esperanza. Mantengamos la fe. Hasta la próxima.

El autor es experto en comunicación corporativa y situaciones de crisis. Cuenta con un MBA del ITESM

Contacto:

Mail: hirampeon@gmail.com

Twitter: @Hirampeon

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