Colaborador Invitado

Soñar en elegir

Aprendamos a aceptar lo que podemos y lo que no

Hiram Peón Lara

“Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir a una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio. Vos dirás que la eligen porque-la-aman, yo creo que es al revés. A Beatriz no se la elige, a Julieta no se la elige. Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos cuando salís de un concierto»

El autor de esta frase es Julio Cortazar, argentino de nacimiento, ciudadano universal por vocación (1914-1984) yace en un cementerio de Paris, al lado de su compañera de camino Carol Dunlop.

Ese es el eterno problema de elegir. Uno cree que decide actuar de uno u otra manera, pero no. Uno no elige, no elige nada.

En un estudio neurológico, se trató de probar la velocidad de respuesta entre una idea, un pensamiento y una acción. Fue sorprendente lo que los investigadores reportaron. Primero fue el movimiento y luego el pensamiento. Entonces ¿Quién decide por mí, por ti, por cada uno de nosotros?

Si primero hacemos y actuamos, para luego, a través del proceso del pensamiento justificamos y creamos la decisión que está detrás de nuestro actuar.

Como dice Cortazar, es como si pudiéramos elegir la lluvia que nos calará hasta los huesos al salir de un concierto.

Cortazar habla del amor, del amar, de elegir a una mujer para compañera de nuestra vida. No se necesita ningún estudio neurológico para saber que los hombres no elegimos a la mujer, somos elegidos por ellas. Como si Dante hubiera elegido a Beatriz y Romeo a Julieta. Quien así piense, “necesita ver más Bax”

Los que han leído la “Divina Comedia” destacan el papel que juega el poeta Virgilio en el recorrido por los círculos del infierno, aunque la verdadera protagonista es Beatriz “Su intercesora en el infierno, su objetivo en el purgatorio y su guía en el paraíso”

La elección que hacemos, cuando nos acercamos a una mujer, está muy lejos de ser un acto de libre voluntad. Somos presas atrapadas, capturadas, en una sutil e invisible trampa.

Desde luego que todas mis lectoras dirán, con justa razón, que eso no es verdad. Desde luego que sus ojos no verán ni trampas, ni sutilezas, ni capturas amorosas. Ellas dirán que fueron asediadas y a través de la perseverancia y los detalles, aceptaron los acercamientos del varón que llegó y se rindió a sus pies.

Esther Vilar, escritora, socióloga, psicóloga, médica, nace en 1935 en Buenos Aires, Argentina, de padres alemanes. Escribió varios libros pero uno muy sonado a principios de los años setentas, un libro que desafío la incipiente corriente del feminismo. Su libro escrito en alemán y traducido a casi todos los idiomas, revela que en realidad la mujer explota laboralmente al hombre y lo domestica con reflejos condicionados a lo Pávlov: a cada buen comportamiento (sic) un rato de vagina como premio.

Han pasado muchos años desde que esta tesis se discutió y no ha podido ser rebatida, ni por las feministas, porque tiene algo de verdad. Como lo señala con elegancia Julio Cortazar “no elegimos”

Toda esta digresión seguramente no cambiará el rumbo de la república. Ni mejorará las políticas públicas de Samuel García en Nuevo León.

Pero a mí me dio unos minutos de relajamiento y de emoción al descubrir en las palabras de Cortazar una verdad tan profunda y tan sutil que a muchas personas les pasa como de noche y no se dan cuenta si fueron gavilán o paloma.

Que este año sea mejor, en todos los órdenes de la vida y que sigamos hermanando nuestras acciones para hacer más leve las aflicciones ajenas.

Mantengamos la esperanza. Hasta la próxima.

El autor es experto en comunicación corporativa y situaciones de crisis. Cuenta con un MBA del ITESM

Contacto:

Mail: hirampeon@gmail.com

Twitter: @Hirampeon

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