Economia y Politica

Sugiere CEESP cautela ante indicadores económicos positivos

24 de mayo de 2021.- El Centro de Estudios del Sector Privado, CEESP, publicó hoy su Análisis Económico Ejecutivo, en el que destaca que la recuperación que sugieren los elevados crecimientos de varios indicadores es positiva, pero debe tomarse con cautela.

Lo más adecuado para apreciar en qué momento de la crisis está el país es comparar los niveles de las variables respecto al 2019 e incluso al 2018.

Dichos niveles están aún por debajo de 2018 y en el caso de la pobreza se han deteriorado sensiblemente.

La inseguridad pública mejoró sólo modestamente si se considera la menor movilidad en 2020 por los confinamientos y cierres de actividades.

Es urgente que el discurso oficial cambie su actitud ante la inversión y actividades productivas y se abstenga de agresiones como la expresada en días recientes poniendo en duda la pertinencia de la actuación del Banco de México.

LAS CIFRAS A PARTIR DE ABRIL PUEDEN CONFUNDIR Y GENERAR UN OPTIMISMO EQUIVOCADO

Como ya hemos mencionado, prácticamente todos los indicadores económicos en los primeros meses del año han arrojado resultados favorables. Ello es bienvenido.

Es posible que esto haya influido positivamente en los niveles de confianza, mientras que las expectativas de crecimiento han mejorado. Pero hay que tener cautela al apreciar las cifras de los indicadores en estos meses. Su evolución representa una recuperación parcial de lo perdido durante el año pasado como consecuencia de la pandemia y no constituye una recuperación sólida de la economía. Pero el discurso de las autoridades empieza a señalarla como un logro, como un éxito de la estrategia oficial seguida para enfrentar la crisis sanitaria y económica global.

Seguramente el entorno de entusiasmo mejorará en abril, para cuando se anticipan incrementos anuales muy elevados en todos los indicadores económicos, que serían espectaculares en la normalidad, pero que realmente serán consecuencia del efecto aritmético que se ha mencionado en este espacio y en muchos otros, al comparar los datos con bases notoriamente bajas durante el confinamiento sanitario del año pasado que contrajo severamente la actividad productiva. Esto es, un efecto de “rebote”. Por ello, es importante tener cuidado en la interpretación de las cifras, sobre todo en días previos a las elecciones.

Muestras ya disponibles de la magnitud de los repuntes que se verán a partir de abril es el incremento de 49.5% en las ventas (a tiendas totales) de la Asociación Nacional de Tiendas de Autoservicio y Departamentales (ANTAD) y del crecimiento de 20.6% anual en la estimación oportuna del indicador global de la actividad económica del INEGI (INOAE) para abril1/.

También en los Estados Unidos comienza a observarse este efecto. En abril la producción industrial tuvo un incremento anual de 16.5%, después de haber crecido solo 1.0% el mes previo. Asimismo, el Departamento de Comercio informó que en abril las ventas al menudeo crecieron a una tasa anual de 51%, a pesar de haberse mantenido sin cambio respecto al mes previo.

Es posible que resultados similares para los próximos meses refuercen el discurso oficial de éxito, que hasta ahora se había basado en buena medida en las “otras cifras”. Y quizá también impulse la confianza de empresas y consumidores, aunque es difícil saber en qué medida. En todo caso, es importante subrayar que la evolución de las principales variables reflejará en buena parte sólo un efecto estadístico, lejos aún de lo que significaría un proceso de regreso de la actividad productiva al (mediocre) ritmo previo a la epidemia.

Con relación a la evolución del índice general de la actividad económica (IGAE), con el repunte que estima oportunamente el INEGI para abril, su nivel sería equivalente al del mes previo a la pandemia. Visto así, podría decirse que en el cuarto mes del año se habrá recuperado lo perdido por la crisis sanitaria. Sin embargo, una estimación2/ para todo el 2021 indica que, considerando estos incrementos, el IGAE podría tener un crecimiento de 5.5% para el año en su conjunto. Pero, aun así, estaría por debajo de sus niveles de 2019 y 2018. La verdad es que para los meses subsecuentes al “rebote” de las cifras, no hay mucho que haga pensar que la actividad económica crezca a tasas mayores de su evolución en 2018 o 2019.

Una situación similar se observa en la evolución de los indicadores de la inversión fija bruta y el consumo privado en el mercado interno que, con base en los importantes repuntes que se prevén para abril, se anticipan crecimientos de 9.6% y 5.1%, respectivamente, durante todo el 2021, aun cuando sus niveles estarían aún 14.9% y 5.8% por debajo de los observados en 2018, respectivamente.

Algo similar se espera de las cifras de la ANTAD. A pesar de los significativos avances de las ventas (a tiendas totales) durante abril, con lo que el crecimiento promedio del primer cuatrimestre fue de 13.1% respecto a un año antes, las expectativas de la asociación comercial son mucho más modestas para los siguientes meses, toda vez que para todo el año prevén in incremento de 6.5%.

Es muy probable que la variabilidad y saltos de los cambios porcentuales de los indicadores que ya comienzan a presentarse generen confusión y quizá un ambiente de optimismo exagerado.

A fin de apreciar la evolución económica, al menos en lo que desaparecen los efectos aritméticos señalados, es más adecuado concentrarse en la evolución de los niveles de los indicadores. Con este enfoque, las expectativas apuntan a que sería hasta 2023 cuando la economía recuperará el valor del Producto Interno Bruto que tenía en 2018. Esto no es trivial, puesto que serían cinco años en los que la economía no habrá podido crecer en su totalidad y menos aún en términos per cápita, lo que con alta probabilidad sería devastador para el bienestar de la población.

Ya empiezan a presentarse señales de esto. De acuerdo con los resultados del informe reciente del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), durante el primer trimestre la pobreza laboral (porcentaje de la población con un ingreso laboral inferior al valor de la canasta alimentaria) representó 39.4%. En comparación con el 35.6% reportado en igual periodo de 2020, lo que significa un aumento de alrededor de 5 millones de personas que cayeron en pobreza laboral.

Adicionalmente sobre el tema de pobreza, en una publicación reciente de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL)3/ se reporta que la tasa de población en pobreza extrema en México fue la que más aumentó en 2020 en Latinoamérica. Aunque en el caso de México la comparación se hace con 2018, el incremento es de 10.6% a 18.4% en el año pasado. En promedio para la región la tasa de pobreza extrema subió de 11.3% a 12.5% en el 2020.

Cabe señalar que la información de la CEPAL presenta la pobreza extrema antes y después de las transferencias a esa población para aliviar la pérdida de ingresos en 2020. A diferencia de muchos países, el cálculo del organismo indica que en México dichas transferencias tuvieron un efecto prácticamente nulo -de una décima de punto porcentual-. Esto último muestra la ausencia de programas dirigidos específicamente a aliviar a la población más pobre del país durante la crisis económica sanitaria de la pandemia Covid.

Otra dimensión preocupante del bache prolongado en el que la economía parece estar, y posiblemente relacionada con el crecimiento de la pobreza, es el de la inseguridad pública, donde la verdad es que no se aprecian avances importantes ni se identifica una estrategia nacional. Dados el confinamiento sanitario, los cierres parciales o totales de diversas actividades, la gradualidad del regreso a la actividad bajo una nueva normalidad y la consecuente reducida movilidad sería de esperarse que la comisión de delitos hubiese disminuido de manera pronunciada durante 2020 y lo que va del 2021.

De hecho, delitos graves como homicidio doloso, feminicidio y secuestro mejoraron sólo de manera muy modesta el año pasado, después de no haberlo hecho en el 20194/ . Por ejemplo, por cada 100 mil habitantes, los homicidios dolosos sumaron 23.2 y 23.3, respectivamente, en 2018 y 2019 y cayeron solamente a 22.6 en 2020; las cifras de feminicidios fueron 1.40 y 1.46 en 2018 y 2019 y bajó a 1.45 en 2020; y las de secuestros fueron 1.06, 1.05 en 2018 y 2019 y cayó a 0.65 el año pasado.

Dado el entorno, no se debe dejar de insistir en que es fundamental un cambio de dirección de las autoridades si realmente desea una recuperación rápida y sostenida para favorecer el bienestar de los hogares.

En conclusión, la recuperación que muestran diversos indicadores, en sus comparaciones anuales y en ocasiones también mes a mes, es una buena noticia. No obstante, se recomienda cautela al interpretar las cifras. Las fuertes variaciones pueden generar confusión y quizá una falsa idea de una recuperación sólida.

Al examinar los niveles de los indicadores más bien parece que la recuperación de los observados en 2018 llegará posiblemente hasta 2023. Ello repercutirá negativamente en el bienestar de la población, en los niveles de pobreza y podría ser que también en la inseguridad pública.

Por ello, cabe insistir, una vez más, en la urgencia de un cambio de actitud de las autoridades hacia la inversión, como el principal elemento de fortaleza de la economía y la base de un crecimiento sostenible y satisfactorio.

Asimismo, declaraciones como las recientes del Ejecutivo dudando de la pulcritud con la que el Banco de México actúa representan un riesgo innecesario, más aún en tiempos en los que es urgente recobrar la confianza en las instituciones para la reactivación económica.

México

El paulatino retorno a la normalidad después de la fase crítica de la pandemia da muestras de una modesta mejora en el consumo, aunque es importante señalar que a pesar de este mejor desempeño, no se han recuperado los niveles del 2019. De acuerdo con el INEGI, durante marzo las ventas al menudeo tuvieron un avance mensual de 3.6%, después de que en el mes previo crecieran 2.5%. Los mayores avances se reportaron en las ventas de en enseres domésticos, computadoras, artículos para la decoración de interiores y artículos usados, que crecieron 126% y en las de vehículos de motor, refacciones, combustibles y lubricantes que aumentaron 6.1%. Esto permitió que después de trece meses consecutivos a la baja, en abril las ventas minoristas reportaran un incremento anual de 1.8%.

Por su parte, el indicador de servicios tuvo un aumento mensual de 3.1%, que reflejó en buena parte el incremento de 12.4% en los servicios de alojamiento temporal y de preparación de alimentos y bebidas, y el avance de 6.1% en los servicios de esparcimiento culturales y deportivos, y otros servicios recreativos. Sin embargo, esto aún no fue suficiente para evitar que en su comparación anual este indicador se mantuviese en terreno negativo. Las cifras del INEGI indican que comparado con el mismo mes del año pasado, el indicador del sector servicios se contrajo 5.6%, con lo que acumuló 16 meses ininterrumpidos con cifras negativas.

Por su parte, la secretaría de economía informó que, con base en cifras preliminares, durante el primer trimestre del año llegaron al país 11,864 millones de dólares por concepto de inversión extranjera directa (IED), monto que si se compara con las cifras dadas a conocer, también de manera preliminar, es la más alta para el primer trimestre desde que se publica la serie. Sin embargo, la estructura de la IED muestra que su menor proporción (18.6%) se concentró en inversiones nuevas, lo que significa una disminución significativa comparado con el promedio de 1999 a la fecha de 43.4%. Asimismo, si la comparación del monto de la IED se hace con la cifra actualizada del año pasado, se aprecia una caída de 29.2%, que contrasta con el aumento de 14.8% si se compara con la cifra preliminar.

Estados Unidos

El Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano señaló que durante abril, con base en cifras ajustadas a tasa anual, se inició la construcción de 1.569 millones de viviendas nuevas, cifra inferior a las 1.733 millones del mes previo y por debajo de las 1.715 millones que anticipaba el mercado. En términos relativos esto significó una disminución mensual de 9.5%. Por zona geográfica el inicio de viviendas unifamiliares se contrajo 13.0% en el noreste, en tanto que en el medio oeste disminuyó 32.3%, en el sur 12.5% y en el oeste se mantuvieron sin cambio. Por su parte, los permisos para construir sumaron 1.760 millones en abril, nivel superior en 0.3% al del mes previo. Por región, los permisos disminuyeron 2.6% en el noreste, 9.2% en el medio oeste, 1.4% en el sur y 6.4% en el oeste. De esta manera, el inicio de casas creció 43.2% respecto al año pasado y los permisos de construcción lo hicieron en 60.9%

La National Association of Realtors informó que, con base en cifras ajustadas a tasa anual, durante abril se vendieron 5.85 millones de viviendas existentes, que además de significar una diminución mensual de 2.7%, esta cifra fue inferior a la estimación del mercado que anticipaba la venta de 6.09 millones de viviendas. Por regiones, la venta de viviendas existentes durante abril se contrajo 3.9% en el noreste, en tanto que en el sur lo hizo en 3.7% y en el oeste 3.1%. Por el contrario, en el medio oeste tuvieron un avance de 0.8%. No obstante, en abril las ventas de viviendas existentes crecieron 33.9% con respecto al mismo mes del año pasado, debido al efecto aritmético de compararse con un periodo en el que estaban significativamente deprimidas por causa de la pandemia. El precio medio de la vivienda existente tuvo un incremento anual de 19.1% lo que significó su mes 110 en el que de manera consecutiva tiene incrementos.

 

Reportacero

 

 

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