Sugieren hechos e indicadores recientes menos éxito y optimismo al reportado por Administración de AMLO.- CEESP
13 de septiembre de 2021.- De acuerdo con el Análisis Económico Ejecutivo del Centro de Estudios Económicos del Sector Privado, CEESP, el gobierno da cuenta de una gestión acertada de la crisis económica y sanitaria y expone una visión optimista de la reactivación.
Sin embargo los hechos y los indicadores recientes sugieren algo distinto. Menos éxito y menos optimismo.
El paquete económico para 2022 es en su mayoría una continuación de los planes originales, prepandemia, de la administración.
Algunos aspectos son positivos en principio como las medidas para la continuidad de la estabilidad, el régimen simplificado del ISR, mayor gasto en salud y una modesta reanimación de la inversión pública.
El plan presupuestario es factible. Pero los ingresos públicos dan muestras de fragilidad y la orientación del gasto continúa privilegiando los intereses del gobierno en vez de las necesidades más apremiantes de la sociedad.
El Paquete Económico 2022
La percepción sobre la evolución de la economía sigue siendo optimista y el discurso oficial resalta las acciones que ha llevado a cabo para enfrentar con éxito la crisis económica y sanitaria, a fin de poner a la economía en camino a la recuperación.
El diagnóstico de la economía del documento de CGPE se centra en un relato de lo que ha ocurrido en los últimos dos años, especialmente en el pasado 2020 en medio de la pandemia. El mensaje se apega fielmente a lo expuesto en el tercer informe de Gobierno por el presidente.
Las autoridades señalan que, además de aprovechar el impulso de la recuperación económica, la estrategia del paquete económico 2022 se enfoca en tres pilares:
- Apoyos para el bienestar de la población más vulnerable,
- Estabilidad y solidez de las finanzas públicas manteniendo la prudencia fiscal, y
- Apoyo a proyectos nacionales de inversión que detonan desarrollo social y que tienen impactos positivos directos e indirectos en el bienestar y el empleo.
Esto confirma claramente la intención de continuar impulsando los programas y proyectos que el gobierno ha establecido como prioritarios para su estrategia desde el inicio del sexenio, independientemente de las necesidades supervinientes que trajo la pandemia. Además, se establece que “El Paquete Económico 2022 se caracteriza por impulsar la recuperación económica inclusiva, ser balanceado en el gasto y mostrar un manejo responsable de las finanzas públicas y una profunda vocación social”.
En el Documento de Criterios Generales de Política Económica 2022 (CGPE) que presentó el Poder Ejecutivo al Congreso, se señala que el “Gobierno de México ha tomado acciones oportunas desde 2020 para enfrentar los impactos tanto de salud, como económicos y financieros ocasionados por la COVID-19”.
Sin embargo, lo anterior dista de ser exacto. En primer lugar, las acciones del gobierno durante 2020 respondieron a los programas sociales y de inversión prioritarios determinados desde 2019, antes de que se supiera de la emergencia sanitaria SARS Cov 2. Cuando ésta se presentó, no hubo reasignaciones ni ampliaciones de programas gubernamentales significativos para mitigar sus efectos sobre las personas o las empresas. Ello se ha señalado antes en este espacio y en muchos otros y está documentado por varios organismos nacionales e internacionales.
Segundo, la verdad es que los resultados en términos de tratamiento de la epidemia en México dejan mucho que desear. Cabe solo señalar que México es el cuarto país en número de decesos y el tercero en letalidad y que el porcentaje de la población con vacuna completa es menor al promedio mundial . Asimismo, la comunicación oficial no ha provisto las señales adecuadas a la población para la prevención de contagios.
La percepción de una economía que ya está en plena recuperación es todavía apresurada. Ciertamente, varios indicadores importantes alcanzan o se acercan a sus niveles previos al brote de la pandemia. Pero la caída de la economía desde el 2019 y los efectos de la emergencia sanitaria indudablemente han dejado cicatrices profundas. Ello, en ausencia de una reactivación clara de la inversión, hace difícil pensar que el crecimiento económico de mediano plazo sea siquiera el que se observó en los últimos 18 años, de alrededor de 2%, ritmo de por si claramente insuficiente.
El marco macroeconómico para 2021 y 2022 presentado por el gobierno en los Criterios de Política Económica para 2022 tiene una perspectiva muy distinta. Las proyecciones oficiales prevén que la economía crecerá 6.3% en este año, un punto porcentual más que la estimación reportada en abril pasado en el documento “Precriterios 2022” . Para el próximo año el pronóstico es de 4.5%, medio punto más que la estimación en ese documento.
La evolución reciente de diversos indicadores económicos, que hasta meses recientes permitía prever una recuperación más sólida, apunta a una desaceleración y parece afectar ya los niveles de confianza. Después de una modesta recuperación en los primeros meses del año, en junio los principales indicadores mostraron señales de fragilidad. El índice general de la actividad económica (IGAE) cayó 0.9% respecto al mes anterior después de tres meses al alza, la producción industrial se redujo en 0.5% y la inversión y el consumo declinaron 1.8% y 0.8% en ese mes.
Más allá del optimismo subyacente del escenario de la economía, actualmente no se perciben desequilibrios que puedan generar problemas graves a nivel agregado desde el punto de vista macroeconómico. Los niveles y estabilidad de los resultados fiscales y de la deuda pública como porcentaje del PIB mantienen al país con acceso a los mercados de capitales en buenos términos dadas las circunstancias prevalecientes, y el tipo de cambio y las tasas de interés -aunque muy altas- se mantienen estables. A pesar del estado deprimido de la economía, no hay indicios de crisis macroeconómica y eso es sin duda saludable.
Por el lado de los ingresos públicos, aun cuando pudieran ser insuficientes para mantener el ritmo de gasto y la solidez de las finanzas públicas en el mediano plazo, es posible que su aumento previsto para el próximo año se logre sin nuevos impuestos.
Para ello se proponen medidas que maximicen la recaudación tributaria pero que al mismo tiempo faciliten el cumplimiento voluntario, además de promover la formalización y el aumento en la base de contribuyentes.
Estas medidas también buscan disuadir conductas que inhiban el cumplimiento de las obligaciones fiscales, y que además fomentan la competitividad y el crecimiento. En este contexto destacan ajustes a la Ley del Impuesto sobre la Renta (ISR):
- “Se crea el Régimen Simplificado de Confianza para personas físicas con actividad empresarial, profesionistas, arrendatarios y los que se dedican al sector primario, y que reciben ingresos de hasta 3.5 millones de pesos anuales. Este régimen establece cuotas fijas basadas en los ingresos y elimina la necesidad de realizar cinco trámites y llevar registros de contabilidad con terceros para cumplir con las obligaciones en materia de ISR, al pasar a un cálculo automatizado con información pre-cargada”.
- “A las personas morales constituidas por personas físicas y con ingresos de hasta 35 millones de pesos al año se les permitirá tributar con base en los ingresos efectivamente recibidos, en lugar de los devengados, para darles mayor liquidez. Asimismo, se les otorgará el beneficio de una depreciación más acelerada que la del régimen general, a fin de fomentar la inversión, la creación de empleo y una recuperación económica más rápida en 2022.
- “Se propone continuar el combate a esquemas de elusión y evasión fiscal, con medidas adoptadas y en proceso, dentro del marco del Proyecto para combatir la Erosión de la Base Gravable y el Traslado de Beneficios (BEPS, por sus siglas en inglés)”. Este proyecto se adopta por un grupo importante de países.
El trabajo del Servicio de Administración Tributaria (SAT) será fundamental para cumplir con las metas de fiscalización. Es claro que la confianza que logre generar este conjunto de medidas deberá reflejarse en mejoras recaudatorias.
Sin embargo, igualmente importante es considerar que el éxito de las metas de recaudación también depende del mayor crecimiento económico previsto, el cual puede ser demasiado optimista y eso es un riego para las finanzas públicas.
Así, el Paquete 2022 prevé que los ingresos totales aumenten 1.3% respecto al cierre estimado de 2021, aunque en el discurso se ha enfatizado un aumento de 7.5% respecto a lo previsto en la Ley de Ingresos (LIF) para ese año. Se proyectan ingresos tributarios mayores en 6.4% respecto al cierre del 2021, impulsados por un alza de 4.9% en la recaudación del ISR, un aumento de 4.5% en el cobro de IVA y uno de 19.4% en la recaudación por IEPS.
Sin embargo, a su interior, la estructura general de las finanzas públicas sigue mostrando signos de debilidad y una deficiente asignación del gasto.
Hasta ahora se ha puesto en evidencia la fragilidad de las fuentes de ingresos recurrentes, que en la primera mitad del gobierno ha sido compensada con fuentes no recurrentes como la liquidación de múltiples fideicomisos, incluidos los de desastres naturales y previsiones para gastos catastróficos de salud, así como los fondos de estabilización. Dependiendo de la efectividad de las medidas de simplificación de impuestos y la fiscalización anunciada, es probable que a la larga la necesidad de mayores recursos sea manifiesta y, en algún momento, ello podría demandar más impuestos, medidas más estrictas para elevar la recaudación fiscal o menor gasto público.
El programa estima que los ingresos petroleros tendrán una disminución de 2.6% en el 2022 respecto al cierre estimado para este año (aunque ocasionalmente se señala un incremento real de 11.9%, pero con respecto al monto originalmente estimado para el 2021). La reducción se debe a una disminución en el pronóstico del precio del petróleo, que pasa de 60.6 dólares por barril para 2021 a uno de 55.1 dólares para 2022. Se afirma que los ingresos del gobierno federal provenientes de la exportación de crudo serán cubiertos al 100%, pero no se aclara el costo presupuestado para ello.
Por su parte, el plan de gasto público para 2022 confirma claramente las prioridades oficiales al fortalecer su destino hacia los programas insignia del gobierno. Como se ha señalado aquí antes, en esta administración el gasto social es de carácter mayoritariamente asistencial, carece de incentivos y mecanismos para erradicar la pobreza y, además, ha fallado en beneficiar más a la población más pobre en el corto plazo. Adicionalmente, el gasto de inversión en buena medida se vierte en proyectos de dudosa rentabilidad social.
El Paquete Económico considera que en 2022 el gasto público total tendrá un incremento de 1.5% respecto al cierre estimado del 2021. (con relación a la cifra aprobada el gasto para 2022 sería mayor en 8.6%).
Aunque en términos generales los programas presupuestados son los mismos que en 2019 y 2020, hay algunos cambios positivos que conviene subrayar, como es el aumento de recursos para la (función) Salud, que se propone elevar en 15.2%, respecto a la cifra aprobada para 2021. Asimismo, se plantea un aumento de 17.7% en la inversión física, con lo que al menos se romperá la racha de reducciones anuales y con ello como porcentaje del PIB la inversión pública física podrá subir a 3.1%, después de haber representado 2.4% en el primer trimestre de este año.
Pero el énfasis continúa en los programas y proyectos que han sido prioritarios para el gobierno. De acuerdo con las cifras del presupuesto para el próximo año, se canalizarán 577.9 mil millones de pesos (mmp) a dichos programas y proyectos, 141.3 mmp más que el año pasado.
Dentro de ellos, resalta que solo para el tren maya el presupuesto aumenta en 63.2 mmp, muy por arriba del aumento que tendrán rubros fundamentales para el bienestar de las familias y el crecimiento económico, pero que muestran un rezago importante. Para ponerlo en perspectiva, considérese que el gasto en el ramo de salud aumenta 47.0 mmp, el de seguridad ciudadana 29.9 mmp y el de educación 26.4 mmp.
Bajo este esquema las autoridades consideran que “la estimación de gasto contiene recursos para fortalecer el bienestar de la población, el estado de derecho, la seguridad ciudadana y un crecimiento económico inclusivo, al tiempo que se promueve un ejercicio del gasto eficiente, oportuno y transparente, con pleno apego al principio de austeridad republicana”. Sin embargo, las cifras del presupuesto sugieren otras prioridades.
Por otra parte, hay algunos rubros sobresalientes cuyas asignaciones presupuestarias no son claras. Por ejemplo, no hay recursos explícitos para vacunación contra la Covid 19, el programa de coberturas petroleras y el seguro catastrófico para desastres naturales que se mencionan en Criterios. Esto no ayuda a la transparencia. Por ejemplo, los recursos de los antiguos fondos de desastres naturales y de prevención a sus efectos, FONDEN y FOPREDEN estaban claramente explícitos en los presupuestos.
En suma, el paquete económico 2022 tiene algunos aspectos positivos como la simplificación fiscal y el fortalecimiento de la fiscalización -siempre y cuando estén en los causes de la Ley-, así como los mayores gastos para Salud e inversión física pública.
No obstante, en lo general el presupuesto continúa privilegiando las políticas que el gobierno se fijó desde un principio, que en algunos casos han probado ya su ineficiencia y en otros no tienen prueba de su rentabilidad social, más no atiende de manera suficiente las necesidades más apremiantes agudizadas por la reducción del PIB -desde 2019- y por la pandemia.
México
Inversión
Después de un repunte en mayo, en junio la inversión fija bruta vuelve a terreno negativo al reportar una disminución mensual de 1.8%, debido a la caída de 2.9%. en la inversión en construcción. La inversión en maquinaria y equipo se redujo 0.4%. No obstante, en términos anuales la inversión fija bruta aumentó 16.9%. La inversión en construcción tuvo un incremento anual de 12.2% y la de maquinaria y equipo se elevó 24.5%. A pesar de ello, el indicador general de inversión aún está 4.4% por debajo de su nivel prepandemia y es 10.6% menor al reportado al cierre del 2018.
Consumo
La evolución del consumo también dio señales de debilitamiento. El reporte del INEGI muestra que en junio el indicador mensual del consumo privado en el mercado interior registró una disminución de 0.8%, después de acumular tres meses consecutivos con variaciones positivas. No obstante, comparado con el mismo mes del año pasado el consumo privado creció 19.1%. Sin embargo, el nivel del indicador aún está 2.7% por debajo de su registro prepandemia.
Producción industrial
Cifras más actualizadas indican que en julio la producción industrial tuvo un repunte mensual de 1.0%, impulsada principalmente por el avance de 1.4% en la industria manufacturera. La actividad de la construcción creció 0.6%, mientras que la generación eléctrica, agua y gas se elevó 1.4%. Por su parte, la minería se contrajo 0.3%. Respecto al mismo mes del año pasado la producción industrial creció 8.0%.
Inflación
Durante agosto los precios al consumidor aumentaron 0.19%, de tal manera que la inflación anual se ubicó en 5.59%. Las presiones continuaron en la inflación subyacente que aumentó 0.43% en el mes y 4.78% anual, con lo que ya acumula 9 meses con tendencia al alza. La inflación no subyacente disminuyó 0.52% en el mes y aumentó 8.14% en el año.
Estados Unidos
Crédito al consumo
La Reserva Federal informó que en julio el crédito al consumo aumentó 17 mil millones de dólares (mmd), cifra mucho menor a los 37.9 mmd del mes previo y muy por debajo de los 28 mmd que anticipaba el mercado. A su interior, el crédito no revolvente aumentó 11.5 mmd, mientas que el revolvente lo hizo en 5.6 mmd. En términos relativos el crédito al consumo de julio superó en 4.7% el otorgado en igual mes del año pasado. Por su parte, el crédito revolvente aumentó a una tasa anual de 6.7%, mientras que el crédito no revolvente se elevó 4.1%.
Precios al Productor
De acuerdo con el reporte del Departamento del Trabajo, durante agosto los precios al productor registraron un alza de 0.7%, porcentaje inferior al aumento de 1.0% de un mes antes, pero ligeramente por arriba del 0.6% esperado por el mercado. El índice de demanda final, sin la incidencia de los rubros de precios en alimentos y energía, aumentó 0.6%, en línea con lo que anticipaba el mercado. Respecto a agosto del año pasado, los precios al productor aumentaron 8.3%, medio punto porcentual más que el avance de julio. El índice de demanda final, menos alimentos y energía, aumentó a una tasa anual de 6.7%
Reportacero