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Supera crecimiento de 1.01% del PIB en tercer trimestre expectativas del mercado

30 de octubre de 2024.- Banco BASE publicó hoy su Perspectiva económica de México de Octubre de 2024.

El Producto Interno Bruto (PIB) de México creció 1.01% en el tercer trimestre respecto al trimestre anterior, superando las expectativas del mercado de que crecería solamente 0.60%. Además, con esto la actividad económica muestra una aceleración respecto al crecimiento trimestral de 0.13% que se tuvo en el primer semestre del año. Con lo anterior, en los primeros 9 meses del 2024, el PIB acumula un crecimiento de 1.4%, respecto al mismo periodo del 2023, de acuerdo con las series ajustadas por estacionalidad.

En el desglose por los grandes grupos de actividad económica, las actividades primarias mostraron un rebote, al crecer 4.75% trimestral después de haber caído durante cuatro trimestres consecutivos. Con esto, las actividades primarias registraron una tasa de crecimiento anual de 3.78%. Por su parte, las actividades secundarias (industrial) crecieron 0.86% trimestral, siendo la mayor tasa de crecimiento desde el tercer trimestre del 2023. A pesar de esto, el crecimiento anual de las actividades secundarias se mantuvo bajo en 0.47%. Finalmente, las actividades terciarias (servicios) crecieron 0.93% respecto al trimestre anterior, su mayor tasa de crecimiento desde el tercer trimestre del 2022, con lo que alcanzó una tasa de crecimiento anual de 1.91%.

Para el 2024, Grupo Financiero BASE estima que el PIB de México crecerá 1.4%, considerando la fuerte desaceleración de la primera mitad del año y que todavía hay señales de deterioro en varios segmentos de la actividad económica, como la construcción (dentro las actividades secundarias) y el comercio (dentro de las actividades terciarias). Con este escenario, el crecimiento total del PIB en los últimos 6 años sería de 5.04%, lo cual equivaldría a una tasa de crecimiento promedio de 0.82% por año, el más bajo desde el sexenio de Miguel de la Madrid (1982-1988). Además, considerando el aumento poblacional durante el periodo, el PIB per cápita estaría sufriendo una disminución de 0.95% respecto a su nivel del 2018.

Para el 2025, Grupo Financiero BASE estima que el PIB crecerá 0.8%, desacelerándose por ser el primer año de gobierno del nuevo sexenio y ante ajustes al gasto público necesarios para que se logre una consolidación fiscal el mismo año.

CONTEXTO DE LA ECONOMÍA MEXICANA

La economía mexicana enfrenta un escenario complicado tras las elecciones federales del 2 de junio de 2024, en las que la Dra. Claudia Sheinbaum, candidata de la coalición encabezada por MORENA, fue elegida presidenta.

Además. MORENA y sus aliados lograron obtener la mayoría de los escaños en ambas cámaras del Congreso de la Unión, colocándose muy cerca de tener la mayoría calificada que les permite realizar cambios a la Constitución.

Este triunfo aseguró la permanencia del partido fundado por su predecesor, Andrés Manuel López Obrador, en el poder, y la continuidad de su ideología política, económica y social que caracterizó su administración en los últimos seis años.

La administración de López Obrador estuvo marcada por un fortalecimiento del rol del Estado en diversos sectores de la economía, donde se limitó la participación del sector privado y se buscó favorecer a las empresas del Estado como Pemex y CFE. También destacó la ampliación del rol de las fuerzas armadas en asuntos más allá de la seguridad nacional; asumieron un papel central en la seguridad pública interna, ocupándose de tareas que antes eran responsabilidad de instituciones civiles, y además se les otorgó control en áreas no relacionadas con la seguridad, como la construcción de infraestructura, el control de aduanas y puertos, y la administración de aeropuertos y trenes. Estas políticas incrementaron la intervención del Estado y a su vez generaron una mayor percepción de corrupción, incertidumbre jurídica e inseguridad, lo que resultó en una caída de la confianza y la inversión privada, afectando negativamente el crecimiento económico potencial de México.

En el periodo de transición, mientras López Obrador aún era presidente pero ya con el nuevo Congreso en funciones, se aprobó una controvertida reforma al Poder Judicial que se había propuesto desde febrero de este año.

Esta reforma (ya vigente) que, entre varias cosas, consiste en que ahora los jueces, magistrados y ministros sean elegidos por voto popular, ha generado mucha preocupación porque podría debilitar la independencia de los tribunales. Esto ha creado una sensación de inseguridad jurídica para los participantes del mercado, pues dificulta que el Estado pueda cumplir con una de sus funciones esenciales: la protección de los derechos humanos y los derechos de propiedad; aumentando el riesgo para quienes desean invertir en México.

Además de estos desafíos que deja la administración de López Obrador, el gobierno de Sheinbaum también hereda un gran reto en materia de finanzas públicas. En 2024, el gasto público aumentó considerablemente, algo común durante años electorales, ya que los gobiernos suelen incrementar el gasto en programas sociales para impulsar su popularidad. En esta ocasión, también se tuvo un elevado gasto en inversión en infraestructura pública, ya que López Obrador se dio a la tarea de terminar los proyectos emblemáticos pendientes de su gobierno. El problema es que para lograr estos niveles de gasto, el gobierno se vio obligado a endeudarse en niveles históricos—en el presupuesto se aprobó un endeudamiento neto equivalente a 5.4% del PIB, pero la última revisión de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) estima que en realidad será de 5.9%. De este modo, la SHCP estima que el Saldo Histórico de los Requerimientos Financieros del Sector Público (la medida más amplia de la deuda neta del sector público federal) finalizará el año en 50.2% del PIB, considerablemente mayor al 43.6% que dejó la administración anterior. Para evitar que las finanzas públicas se conviertan en un problema más grave para la economía, en 2025 el gobierno tendrá que llevar a cabo un esfuerzo de consolidación fiscal, reduciendo el gasto y posiblemente tomando medidas para incrementar la recaudación, lo cual a su vez tendrá repercusiones negativas para el consumo y la inversión.

A todo esto hay que agregar los retos externos que podrían presentarse. Por un lado, una recesión en Estados Unidos tendría fuertes consecuencias para México, pues además de presentar una caída en la demanda del socio comercial más importante del país, también sería un fuerte golpe por el lado de las remesas, que han servido de gran apoyo para los hogares y el consumo interno. También está el cambio de gobierno en Estados Unidos y la revisión al T-MEC programada para el 2026. Por otro lado, las crisis geopolíticas como las de Israel-Irán o UcraniaRusia podrían propiciar cambios en precios de commodities esenciales, particularmente los energéticos. Si bien la inflación en México sigue con tendencia a la baja y se estima que cierre el año en 4.4% anual, esto se ha logrado porque la tasa de interés real se encuentra en terreno restrictivo y aunque el Banco de México ya comenzó a reducirla, un choque de precios, como el que se dio en 2021 con la guerra entre Rusia y Ucrania, podría revertir la tendencia y llevar la inflación al alza.

Este es el panorama en el que se encuentra México: una economía con gran incertidumbre interna y un clima de menor confianza e inversión, a lo que se suma la necesidad de reducir el gasto público. La deuda elevada y las reformas que debilitan las instituciones añaden presión al crecimiento económico, y a esto se añaden factores externos como una posible desaceleración o recesión en Estados Unidos, el cambio de gobierno en ese país y las tensiones geopolíticas que podrían deteriorar aún más el entorno.

CONTEXTO DE LA ECONOMÍA MEXICANA

La economía mexicana enfrenta un escenario complicado tras las elecciones federales del 2 de junio de 2024, en las que la Dra. Claudia Sheinbaum, candidata de la coalición encabezada por MORENA, fue elegida presidenta.

Además. MORENA y sus aliados lograron obtener la mayoría de los escaños en ambas cámaras del Congreso de la Unión, colocándose muy cerca de tener la mayoría calificada que les permite realizar cambios a la Constitución.

Este triunfo aseguró la permanencia del partido fundado por su predecesor, Andrés Manuel López Obrador, en el poder, y la continuidad de su ideología política, económica y social que caracterizó su administración en los últimos seis años.

La administración de López Obrador estuvo marcada por un fortalecimiento del rol del Estado en diversos sectores de la economía, donde se limitó la participación del sector privado y se buscó favorecer a las empresas del Estado como Pemex y CFE. También destacó la ampliación del rol de las fuerzas armadas en asuntos más allá de la seguridad nacional; asumieron un papel central en la seguridad pública interna, ocupándose de tareas que antes eran responsabilidad de instituciones civiles, y además se les otorgó control en áreas no relacionadas con la seguridad, como la construcción de infraestructura, el control de aduanas y puertos, y la administración de aeropuertos y trenes. Estas políticas incrementaron la intervención del Estado y a su vez generaron una mayor percepción de corrupción, incertidumbre jurídica e inseguridad, lo que resultó en una caída de la confianza y la inversión privada, afectando negativamente el crecimiento económico potencial de México.

En el periodo de transición, mientras López Obrador aún era presidente pero ya con el nuevo Congreso en funciones, se aprobó una controvertida reforma al Poder Judicial que se había propuesto desde febrero de este año.

Esta reforma (ya vigente) que, entre varias cosas, consiste en que ahora los jueces, magistrados y ministros sean elegidos por voto popular, ha generado mucha preocupación porque podría debilitar la independencia de los tribunales. Esto ha creado una sensación de inseguridad jurídica para los participantes del mercado, pues dificulta que el Estado pueda cumplir con una de sus funciones esenciales: la protección de los derechos humanos y los derechos de propiedad; aumentando el riesgo para quienes desean invertir en México.

Además de estos desafíos que deja la administración de López Obrador, el gobierno de Sheinbaum también hereda un gran reto en materia de finanzas públicas. En 2024, el gasto público aumentó considerablemente, algo común durante años electorales, ya que los gobiernos suelen incrementar el gasto en programas sociales para impulsar su popularidad. En esta ocasión, también se tuvo un elevado gasto en inversión en infraestructura pública, ya que López Obrador se dio a la tarea de terminar los proyectos emblemáticos pendientes de su gobierno. El problema es que para lograr estos niveles de gasto, el gobierno se vio obligado a endeudarse en niveles históricos—en el presupuesto se aprobó un endeudamiento neto equivalente a 5.4% del PIB, pero la última revisión de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) estima que en realidad será de 5.9%. De este modo, la SHCP estima que el Saldo Histórico de los Requerimientos Financieros del Sector Público (la medida más amplia de la deuda neta del sector público federal) finalizará el año en 50.2% del PIB, considerablemente mayor al 43.6% que dejó la administración anterior. Para evitar que las finanzas públicas se conviertan en un problema más grave para la economía, en 2025 el gobierno tendrá que llevar a cabo un esfuerzo de consolidación fiscal, reduciendo el gasto y posiblemente tomando medidas para incrementar la recaudación, lo cual a su vez tendrá repercusiones negativas para el consumo y la inversión.

A todo esto hay que agregar los retos externos que podrían presentarse. Por un lado, una recesión en Estados Unidos tendría fuertes consecuencias para México, pues además de presentar una caída en la demanda del socio comercial más importante del país, también sería un fuerte golpe por el lado de las remesas, que han servido de gran apoyo para los hogares y el consumo interno. También está el cambio de gobierno en Estados Unidos y la revisión al T-MEC programada para el 2026. Por otro lado, las crisis geopolíticas como las de Israel-Irán o UcraniaRusia podrían propiciar cambios en precios de commodities esenciales, particularmente los energéticos. Si bien la inflación en México sigue con tendencia a la baja y se estima que cierre el año en 4.4% anual, esto se ha logrado porque la tasa de interés real se encuentra en terreno restrictivo y aunque el Banco de México ya comenzó a reducirla, un choque de precios, como el que se dio en 2021 con la guerra entre Rusia y Ucrania, podría revertir la tendencia y llevar la inflación al alza.

Este es el panorama en el que se encuentra México: una economía con gran incertidumbre interna y un clima de menor confianza e inversión, a lo que se suma la necesidad de reducir el gasto público. La deuda elevada y las reformas que debilitan las instituciones añaden presión al crecimiento económico, y a esto se añaden factores externos como una posible desaceleración o recesión en Estados Unidos, el cambio de gobierno en ese país y las tensiones geopolíticas que podrían deteriorar aún más el entorno.

 

 

Reportacero

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