Colaborador Invitado

Apuntes sobre el TPP

Por Julio Cedeño*

En los últimos días y a raíz de una filtración de Wikileaks, se ha puesto de moda en nuestro país hablar del Acuerdo de Asociación Transpacífico (Trans-PacificParnertshipAgreement o TPP), cuya discusión hasta ahora estaba reservada para pocos interesados en el tema.

Dicho acuerdo apunta para ser el TLC más ambicioso de la historia, abarcando al momento a 12 naciones que en conjunto representan 11.3% de la población mundial y producenentre el 30% y 40% del PIB global (según información del gobierno australiano).

El TPP pone sobre la mesa nuevas reglas de comercio, eso lo hace muy complejo porque es difícil encontrar reglas que sean aceptadas por todos. Una negociación de esta magnitud provoca que ponerse de acuerdo no sea una cuestión sencilla, no en vano ha sido calificado como un “Acuerdo del siglo XXI”, debido a que involucra nuevas problemáticas propias de economías altamente globalizadas, lo que a su vez genera dinámicas de negociación distintas a las acostumbradas.

La complejidad de las negociaciones radica no sólo en los temas de discusión (entre los que sobresalen, entre muchos otros, Reglas de Origen, Empresas Propiedad del Estado o SOE´s, Acceso a Mercados y Regulación Laboral), sino en las grandes asimetrías entre los países miembros, lo que en sí mismo representa un reto mayúsculo, además de la existencia de numerosos TLC´s firmados entre muchos de ellos, que a su vez dificulta el acomodo de reglas ya existentes.

Un poco de historia

Si bien Estados Unidos se ha convertido en uno de los principales promotores de este Tratado, hay que señalar que su participación no se dio desde el principio ya que no fue hasta septiembre de 2008 que el entonces presidente George Bush notificó al Congreso Norteamericano que su país comenzaría a negociar un acuerdo comercial con el bloque conocido como P-4, formado por Singapur, Nueva Zelanda, Chile y Brunei, mismo que fue concebido desde 2003 y oficializado en 2006.

Sin duda el gobierno de Bush logró captar el potencial que un acuerdo de este tipo implicaba para los intereses de su país, no sólo en términos comerciales sino también en materia geopolítica. Ante la avanzada incontrolable de China, cuya exclusión no debe pasar desapercibida, era necesario actuar de inmediato. Jane Kelsey asegura en un estudio publicado en Global Research que el término “imperialismo competitivo” se está usando cada vez más para describir la creciente desesperación de EE.UU. para neutralizar el ascenso de los BRICS, es en este contexto donde debemos entender la entrada del país norteamericano en la negociación del TPP.

Con el cambio de administración en EE.UU. el acuerdo pareció colapsarse por momentos. James Durling (experto en comercio internacional) ha señalado que para Obama fue una decisión sumamente complicada el decidir si las negociaciones debían continuar, muestra de ello es que hasta diciembre de 2009 el nuevo mandatario manifestó al Congreso su intención de continuar las negociaciones. El propio Durlingnos recuerda que a todos los presidentes les gusta que su periodo sea vinculado con algún logro excepcional, con toda la problemática alrededor del Obamacare el TPP podría representar una opción para el actual mandatario estadounidense.

Por el lado comercial, un documento del Congreso de los Estados Unidos indica que las economías involucradas en este acuerdo representan en conjunto el principal socio comercial de este país con cerca del 40% del total de comercio de bienes, sin embargo, es de resaltar que de dicho total un porcentaje muy importante corresponde a México y Canadá, de ahí la importancia de incorporar a ambos países en las negociaciones y la imperante necesidad de que los tres entiendan que deben negociar como bloque.

El TLCAN necesita recuperar su competitividad como región y este tratado representa una herramienta inmejorable para lograrlo.

México y el TPP

Como hemos mencionado a lo largo de este artículo, para los países que participan en las negociaciones el TPP representa una importante oportunidad para acceder a nuevos mercados, a pesar de ello, han sido numerosas las críticas que un acuerdo de este tipo ha levantado entre sectores que históricamente se oponen a la apertura comercial, principalmente aquellos más cercanos a una izquierda ortodoxa. México no ha sido la excepción, las columnas escritas sobre el tema en días recientes reflejan, en su gran mayoría, desconfianza y animadversión hacia la posible firma de este Tratado.

En este momento en nuestro país no existe una visión homogénea sobre el TPP pero desde mi punto de vista hubiera sido un error que México no participara en el acuerdo comercial más importante en términos de valor hasta la fecha. Recordemos que tanto México como Canadá no participaron desde el inicio de las negociaciones ya que ambos se incorporaron hasta diciembre de 2012 en lo que fue la 15ª ronda,  resulta evidente que después de 14 negociaciones estas ya se encontraban bastante avanzadas.

Si bien es cierto que se llegó tarde y que ciertos temas deben estudiarse con sumo cuidado, lo que me consta se está haciendo por parte de la delegación mexicana que participa en las negociaciones, negarse a la posibilidad de participar en este instrumento comercial únicamente por un mandato ideológicamente anacrónico, no parece ser una decisión acertada.

Como todo acuerdo de este tipo, existen bondades y riesgos para los involucrados. En el caso de México el TPP permitirá diversificar la estrategia comercial hacia países de la región Asia-Pacífico, misma que en los últimos años ha presumido un importante dinamismo económico cuyo potencial no ha sido explotado por los productores nacionales. Asimismo, ante la ola de proteccionismo que se expande a nivel global, sin duda resulta atractivo el lograr acceso preferencial a este tipo de mercados, sobre todo cuando estratégicamente deberíamos buscar reducir la dependencia de las exportaciones locales a la región TLCAN.

El TPP no debe verse como el reemplazo del TLCAN sino como una actualización y perfeccionamiento del mismo, como una oportunidad para la diversificación de nuestras exportaciones y como la coyuntura perfecta para que de una vez por todas logremos reducir la dependencia que tenemos con la economía norteamericana.

Aunque también se debe poner mucha atención en minimizar los riegos que vienen de manera natural con un Tratado de esta magnitud pero sobre todo se deben asegurar las mejores condiciones para aquellos sectores estratégicos o los que pudieran ser vulnerables, asimismo, se deben impulsar condiciones de equidad, de modo que sea posible una competencia en igualdad de condiciones, de lo contrario, todo el esfuerzo habrá sido en vano.

 

Twitter: @J_Cedeno

Julio Cedeño es especialista en análisis legislativo y diseño de estrategias para el cabildeo de temas referentes a siderurgia, energía y aeronáutica.

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