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Tres décadas después, México vuelve a negociar entre tensiones globales

Tras su participación en el XXXVIII Foro Internacional IMEF 2026, el economista Israel Gutiérrez Guerrero, dijo que México enfrenta una coyuntura geoeconómica similar a la de 1992-1993

Monterrey.- Treinta años después de que México apostó por integrarse a Norteamérica mediante el TLCAN, el país enfrenta hoy una escena con sorprendentes similitudes: tensiones geopolíticas internacionales, una reorganización industrial global y la necesidad de asegurar su lugar en las cadenas de producción estratégicas.

La diferencia es que si en los años noventa la discusión giraba alrededor de la apertura económica y la globalización, ahora el eje se ha desplazado hacia seguridad económica, tecnología, certidumbre institucional y resiliencia industrial.

Durante su participación en el XXXVIII Foro Internacional IMEF 2026, el economista Israel Gutiérrez Guerrero, Negociador del TLCAN (responsable de los capitulos automotriz, agrícola, electrónica y laboral), y Ex Subsecretario Federal de Trabajo de la STPS y de Comercio Interior de Economía, señaló que la revisión del T-MEC coloca nuevamente a México en un punto de inflexión comparable al vivido durante la negociación del TLCAN.

«Hoy México enfrenta una coyuntura geoeconómica similar a la de 1992-1993», expuso durante su presentación «Revisión del T-MEC en la nueva era de globalización».

El especialista explicó que ambos procesos nacieron de cambios profundos en el entorno global. El TLCAN surgió tras la caída del bloque soviético y la apertura económica de Europa del Este, mientras que la actual revisión del T-MEC ocurre en medio de la rivalidad estructural en materia comercial, tecnología y de minerales criticos entre Estados Unidos y China.

En ambos momentos, México aparece como un elemento de fortalecimiento de la  estratégia para Estados Unidos.

En los noventa, el tratado funcionó como una especie de «ancla institucional» para evitar que el país quedara al margen de la reconfiguración económica posterior a la Guerra Fría. Hoy, el T-MEC evoluciona hacia una plataforma de seguridad económica regional impulsada por el nearshoring y el friendshoring.

Pero Gutiérrez advirtió que, además de los cambios geopolíticos, existe una diferencia clave respecto a hace tres décadas: el peso que tendrá la fortaleza institucional.

Señaló que inversionistas y autoridades estadounidenses observan factores de riesgo como independencia judicial, mecanismos efectivos de solución de controversias y certeza regulatoria.

«Lo que los inversionistas preguntan es: ¿hay seguridad?, ¿certidumbre? Ése es un gran tema», indicó en entrevista tras el encuentro.

Añadió que los mecanismos de resolución de disputas entre empresas y Estado serán relevantes porque permiten proteger inversiones y resolver controversias bajo marcos internacionales.

También señaló que temas como Estado de derecho, infraestructura y seguridad económica tendrán un peso creciente en la conversación regional.

«Se requiere infraestructura. Agua. Electricidad. La electricidad es un elemento muy importante», dijo.

Las preocupaciones estadounidenses también muestran paralelismos con una nueva dimensión.

Si hace tres décadas el objetivo era fortalecer la competitividad regional frente a otros bloques económicos, ahora EE.UU. busca reducir su dependencia  en cadenas de suministro de China:  mediante iniciativas industriales, subsidios manufactureros y nuevas medidas comerciales.

La nueva negociación incorpora además elementos que hace 30 años apenas existían en la discusión: inteligencia artificial, semiconductores, vehículos eléctricos, trazabilidad tecnológica y cadenas de suministro consideradas asuntos de seguridad nacional.

Gutiérrez anticipó que durante la revisión podrían surgir presiones sobre reglas de origen, controles para evitar triangulación comercial, energía, cumplimiento de compromisos en materia laboral, seguridad fronteriza y sectores estratégicos como acero, aluminio y automotriz.

La historia parece repetirse, aunque con nuevos protagonistas. Hace tres décadas la discusión consistía en abrir mercados; ahora la prioridad es definir quién controla las cadenas de valor estratégicas y qué tan confiables son las instituciones que sostienen esa integración. México vuelve a encontrarse en medio de una redefinición del orden económico mundial.

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