Colaborador Invitado

Un carísimo elefante de Dos Bocas

Los enormes costos de las decisiones torpes del líder de la Cuarta Trasformación apenas comienzan a vislumbrarse. Los hay graves y otros de plano terminales.

ACCIONES Y RAZONES

Efraín Klériga

Para 2022 no tendremos un aeropuerto hub o centro de interconexiones con capacidad para mover a 70 millones de pasajeros por año, ni tampoco cumpliremos con las cuotas en reducción de emisión de gases de invernadero.

Hay otros sobrecostos tremendos como la desaparición de fondos como el de Estabilización de Ingresos Presupuestarios (FEIP federal y estatal) y este año ya no hay fideicomisos que asaltar para tapar los hoyos presupuestales de la 4T. Y aún hay más.

De todos los sobrecostos que vamos a tener está el asunto de la sucia energía de Pemex y CFE contra los compromisos internacionales, peor aún, contra la realidad y la falta de inversión en energía renovable.

El presidente Andrés Manuel López Obrador y su Gabinete de Energía conformado por una ingeniera química, un agrónomo y un abogado constitucionalista llevan dos años dando patadas en las gónadas a los inversionistas de energía limpia.

Es claro que su neófito Gabinete de Energía no tiene previsto, y de hecho no tienen ni idea, de cuál es el precio de gasolina al que Dos Bocas sería viable y podría generar valor.

La refinería Dos Bocas habrá nacido para ser el elefante blanco más caro históricamente, en un país de elefantes blancos. Será un monumento al anacronismo de 10 mil millones de dólares o más.

La demanda de gasolina nunca regresará a los niveles que alcanzó en 2019, tampoco los precios de 100 dólares por barril de crudo, y mientras la producción de Pemex no levanta rápido para aprovechar el último aliento de los petrolíferos, en Europa ya se está declarando el fin de la era de gasolina.

La Agencia Internacional de la Energía (AIE) afirma que la demanda descenderá de ahora en adelante, por el aumento en la eficiencia energética de los nuevos vehículos, gasolina artificial sin huella de carbón, y los vehículos eléctricos cada vez más baratos.

La Unión Europea ya se fijó el objetivo de reducir 40 por ciento sus emisiones de gases con efecto de invernadero para 2030 y llegar a cero emisiones de GEI para 2050.

La alemana Audi asociada con la francesa Global Bioenergies lograron el desarrollo de gasolina sintética sin utilizar petróleo (e-benzin le llaman) con mayor octanaje y combustión más limpia, y trabajan para que su insumo sea agua, hidrógeno, CO2 y luz solar.

Canadá anunció que para 2035 el cien por cien de automóviles livianos y camiones de pasajeros nuevos que se vendan en ese país, deben ser cero emisiones para 2035, y ya se proyecta una caída escalonada en los porcentajes de vehículos de gasolina.

Audi anunció que no fabricarán ningún coche de gasolina o diésel a partir de 2026, Peugeot, Citroën, Opel, DS y Vauxhall, lo harán un año antes.

Royal Dutch Shell, la tercera empresa petrolea a escala mundial, invertirá este año seis mil millones de dólares en plantas de energía renovable en Brasil.

Sinopec, la petrolera china que es la empresa energética más grande el mundo, ha anunciado que acelera el desarrollo de plantas para producir hidrógeno y planea mil estaciones de carga de ese gas para 2026.

Empresas y gobiernos de todo el mundo, pues, se preparan para el abandonar la era de la gasolina, mientras el gobierno de México acaba de adquirir una refinería endeudada y obsoleta en Texas, y se ufana del uso de necesarísimos recursos presupuestales para infraestructura, en una refinería sin destino.

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