Un retraso puede convertir 18 toneladas de alimentos en pérdidas para exportadores mexicanos
Un retraso logístico, un rechazo por apariencia o la falta de compradores alternativos pueden provocar que hasta 18 toneladas de alimentos mexicanos terminen en un relleno sanitario de Estados Unidos, generando costos de entre 800 y 2 mil dólares, sin contar gastos de transporte, almacenamiento y cadena de frío.
El impacto financiero es particularmente relevante para las pequeñas y medianas empresas (PyMEs) que exportan productos perecederos, debido a que las pérdidas no se limitan al valor de la mercancía. También deben absorber costos logísticos, comisiones, diferencias cambiarias, plazos de cobro y la necesidad de mantener capital de trabajo para continuar con sus operaciones.
En el marco del Día Internacional de Concienciación sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos, que se conmemora el 29 de septiembre, la Red de Bancos de Alimentos de México (BAMX) señaló que entre 30 y 40% de los alimentos se desperdician desde el campo mexicano, mientras que posteriormente se generan nuevas mermas por devoluciones y rechazos.
Esther Escárzaga, gerente de Alianzas Agrícolas de BAMX, explicó que algunos productos son descartados por criterios relacionados con color, apariencia, variedad o presentación, aun cuando mantienen sus propiedades nutritivas y son aptos para consumo humano.
El problema se acentúa en productos con una vida de anaquel limitada, como jitomate, lechuga, pepino, pimiento y bayas, debido a que cualquier retraso puede reducir el tiempo disponible para comercializarlos y aumentar la posibilidad de rechazo por parte de los distribuidores estadounidenses.
Buscan evitar que los productos terminen en la basura
Ante este escenario, BAMX plantea establecer acuerdos entre productores y distribuidores que permitan definir alternativas para las mercancías que no cumplen con determinadas especificaciones estéticas.
La organización impulsa Cross Borders, un proyecto orientado a rescatar excedentes agrícolas mexicanos, particularmente aquellos volúmenes que superan la capacidad de recuperación de los bancos de alimentos en México, para canalizarlos hacia bancos de alimentos en Estados Unidos.
La iniciativa parte de que la apariencia no debería determinar el destino de un alimento cuando éste cumple con los requisitos de inocuidad. De esta manera, productos que no puedan colocarse con el comprador original podrían dirigirse a restaurantes, otros compradores o bancos de alimentos.
Además de evitar el desperdicio, estas alternativas pueden reducir los costos asociados con la devolución, almacenamiento y destrucción de las mercancías.
Exportadores enfrentan presión sobre su liquidez
El desafío financiero para las PyMEs continúa incluso cuando las mercancías consiguen colocarse en el mercado. Los plazos de cobro pueden alcanzar 45 días o más, mientras los exportadores deben cubrir de manera constante los pagos a productores, transportistas y proveedores.
A esto se agregan los costos de transferir recursos entre México y Estados Unidos. Las comisiones bancarias y el diferencial cambiario al convertir dólares a pesos pueden reducir el margen de las operaciones, especialmente para empresas que realizan movimientos frecuentes entre ambos países.
Luis Garza, director de Business Development de Marco, señaló que los exportadores deben considerar no sólo cuánto venden en dólares, sino cuánto dinero queda finalmente disponible en México y en qué momento.
Marco plantea herramientas para que las empresas exportadoras puedan cobrar en dólares en Estados Unidos y administrar esos recursos antes de convertirlos o transferirlos a México. La firma también señala que las compañías pueden anticipar necesidades de divisas y fijar el tipo de cambio hasta por 90 días.
Para las PyMEs dedicadas a la exportación de perecederos, la combinación de alternativas para colocar mercancías rechazadas y herramientas para administrar liquidez busca reducir el impacto financiero de las operaciones transfronterizas, al mismo tiempo que se evita que alimentos aptos para consumo terminen desperdiciados.