La realidad no siempre alcanza para cambiar una percepción
Por Antonio Bujdud
La reelección de Lula da Silva en Brasil provocó una fuerte reacción en los mercados financieros. El lunes 26 de octubre, el índice Bovespa cayó 13.88% al cierre, mientras que el real se depreció 8.21% frente al dólar. La jornada reflejó la preocupación de los inversionistas por la capacidad del próximo gobierno para ajustar las cuentas públicas en 2027, ante las promesas de gasto realizadas durante la campaña. En los días siguientes, ambos activos recuperaron parte del terreno perdido.
La recuperación estuvo acompañada de señales del ministro de Hacienda, Dario Durigan, quien reiteró el compromiso del gobierno con la responsabilidad y la estabilidad fiscal. En los mercados, las expectativas pueden cambiar con rapidez y las declaraciones de los actores económicos también influyen en la forma en que se interpreta el rumbo de un país.
Lo ocurrido en Brasil me hizo recordar mi experiencia en la Bolsa Mexicana de Valores, donde trabajé en el desarrollo de su narrativa institucional. Uno de los retos era cambiar una percepción arraigada: la de una institución tradicional, distante y asociada casi exclusivamente con la especulación financiera. Sin embargo, la función de una bolsa va mucho más allá. Facilita el acceso de las empresas al financiamiento, conecta a emisores con inversionistas y contribuye a canalizar capital hacia proyectos productivos.
El desafío no era solamente comunicar lo que hacía la institución, el verdadero reto consistía en lograr que se entendiera por qué era importante para la economía, no solamente del país, también de los ciudadanos.
Esta experiencia me confirmó que las organizaciones no pueden conformarse con hacer bien su trabajo. También necesitan explicar qué hacen, cómo contribuyen y por qué su actividad importa. No se trata de construir una imagen artificial ni de sustituir los resultados con palabras, se debe de cerrar la brecha entre la realidad y la percepción.
Las narrativas no reemplazan los fundamentos económicos ni cambian los hechos. Pero sí influyen en cómo se interpretan. En los mercados, esa interpretación puede modificar las expectativas y las decisiones de inversión. Para las empresas y las instituciones, puede determinar la confianza que generan entre sus audiencias, tanto e3xternas como internas.
Cuando una organización no explica su papel, deja un espacio que otros pueden llenar por ella. Construir una narrativa sólida no garantiza una buena reputación, pero es un paso indispensable para que la realidad sea comprendida en toda su dimensión.