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América Latina ante el ascenso de Asia: una región a la deriva en un mundo en transformación

Buenos Aires.- Andrés Malamud, investigador principal en el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad de Lisboa, advierte que el mundo se dirige hacia una era post-occidental, donde el protagonismo de Asia resulta cada vez más evidente. A medida que países como China e India reconfiguran el balance económico y geopolítico, América Latina se encuentra en una encrucijada: sin unidad y con una relevancia decreciente en el escenario global, enfrenta la necesidad de adaptarse a una economía cada vez más segmentada.

«Vamos hacia un mundo post-occidental, donde Asia representa ya el 60% de la economía global y alberga el 60% de la población mundial», señaló Malamud en su participación en el Alacero Summit 2024.

«Estados Unidos continuará siendo una potencia, pero el ascenso de China y el inminente impacto de India serán factores de peso en la reestructuración de los centros de poder global». En este nuevo contexto, América Latina, carente de una identidad unificada, se percibe como un jugador irrelevante en comparación con estos colosos asiáticos, aunque, según Malamud, la región puede aspirar a un futuro próspero si logra convertirse en un socio indispensable para las potencias.

La transformación geopolítica ha sido veloz y evidente. «En apenas 20 años, China ha pasado de ser una economía emergente, a colocarse en la cúspide mundial, un fenómeno sin parangón en la historia», subraya el investigador. China lidera en la producción de bienes y tecnología, desde autos eléctricos hasta aplicaciones digitales, sector en el que su influencia se equipara ya a la de Estados Unidos, en un contraste que resalta la decadencia de Europa.

Malamud asegura que Alemania, el motor económico de Europa, ha dependido de insumos baratos rusos y del comercio con China, lo que evidencia la vulnerabilidad estructural europea y apunta a un proceso de «amortiguamiento de la decadencia» en lugar de crecimiento.

Para América Latina, el panorama es tanto una oportunidad como un reto. La región debe lidiar con su escasa capacidad para agregar valor a sus productos y con una economía estructurada alrededor de la exportación de materias primas. La “primarización” económica limita su relevancia en un mercado global cada vez más tecnificado. Malamud apunta que el nearshoring —la reubicación de empresas cercanas a sus mercados principales— podría ser una ventana de oportunidad para América Latina, pero advierte: “Para aprovecharlo, debemos nadar contra la corriente”.

La situación de dependencia en la región va de la mano de una desintegración comercial entre sus países, lo que se traduce en una falta de economías complementarias.

«Los latinoamericanos comerciamos cada vez menos entre nosotros y dependemos cada vez más de otras regiones, especialmente en un contexto de globalización segmentada donde las necesidades de gestión política obligan a la coordinación internacional», dice Malamud.

Además, América Latina enfrenta un desafío interno derivado de la turbulencia social y la aparición de líderes políticos polarizados, como el caso de Milei en Argentina, Bolsonaro en Brasil o Boric en Chile. Sin embargo, Malamud observa que, pese a estas turbulencias, la región goza de una autonomía política inédita: “Hoy, por primera vez en la historia, América Latina tiene autonomía política en la toma de decisiones. No importa quién gane en cada país; Estados Unidos ya no mueve un dedo”.

Para el académico, la juventud de hoy, en Latinoamérica y el resto del mundo, define cada vez más los procesos políticos, motivada por una reacción contra lo políticamente correcto y la existencia de “burbujas digitales” que alimentan visiones extremas. La fragmentación política y social se agudiza mientras surgen partidos de reciente creación y la inmigración se convierte en un tema conflictivo que radicaliza posiciones. «Estamos viendo el surgimiento de una generación más reaccionaria que la de sus padres, un fenómeno que tiene consecuencias políticas y sociales drásticas», advierte.

En un mundo donde el comercio se regionaliza y la seguridad se vuelve más local, América Latina deberá navegar en aguas turbulentas. Con los ojos puestos en las elecciones estadounidenses, Malamud concluye que el futuro de la región dependerá de su capacidad para insertarse en una economía global que se redefine. “Si gana Trump, podríamos enfrentarnos a una guerra de proteccionismo en lugar de balas”, sugiere. «Para enfrentar lo que viene, América Latina deberá tener el lápiz afilado».

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