Colaborador Invitado

Cárdenas era mi candidato

Cárdenas está moral y políticamente muy por encima de Andrés Manuel López Obrador, Claudia Sheinbaum y MORENA. Él tenía entereza moral y honestidad intelectual, de las que ellos carecen.

MIRADA AL MUNDO/Rogelio Ríos/Octubre 30, 2026

Corrían los días intensos previos a la elección presidencial de 1988 y la tensión política se respiraba en el aire.

Cuauhtémoc Cárdenas, Manuel “Maquío” Clouthier y Carlos Salinas de Gortari, eran los candidatos punteros en las encuestas electorales.

¡Vaya parrilla de personajes de alto nivel!

Clouthier tenía carácter y empuje, era un orador efusivo y elocuente en mangas de camisa.

Cárdenas, por su parte, serio y de presencia imponente, expresaba sus propuestas en un tono moderado y con semblante imperturbable.

Salinas de Gortari, el delfín priista, era más acartonado en público que sus contrincantes electorales, pero se notaba su inteligencia filosa al debatir y una sólida formación académica de respaldo.

Cárdenas y Clouthier eran los candidatos opositores; Salinas, el oficial.

Desde las posturas opositoras, la plataforma panista del “Maquío” y la del Frente Democrático Nacional que apoyaba al “ingeniero” coincidían en un punto preciso: arrebatar la presidencia de la república de manos del PRI.

De ahí, arrancaría la ruta de México hacia una democracia real, no simulada como la del antiguo régimen.

Mi candidato era Cuauhtémoc Cárdenas.

Yo era todavía veinteañero y había atestiguado de estudiante en la Ciudad de México, una década atrás, las intensas luchas políticas de la época, especialmente la reforma electoral impulsada por Reyes Heroles en 1977.

En ese momento, el gobierno priista se abrió, legalizó al Partido Comunista Mexicano y otras fuerzas políticas, pero no soltó el control electoral férreo.

Al llegar la elección presidencial de 1988, tras la escisión de la Corriente Democrática del PRI en 1987, la oportunidad de que la oposición ganara la presidencia de la república se volvió real.

Porfirio Muñoz Ledo y Cuauhtémoc Cárdenas encabezaban la nueva fuerza política que agrupaba a la izquierda centrista y moderada.

Clouthier encarnaba a una nueva generación de empresarios del norte del país que pugnaban por una democracia efectiva de libertades y derechos, elecciones seguras, libre mercado y apertura al exterior, la cual había comenzado tibiamente con el ingreso de México al GATT (Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio) en 1986, pero no avanzaba bien.

Salinas era, en cierto sentido, el representante de otra corriente dentro del PRI (“los neoliberales”, siempre dentro del PRI) que luchaba desde la sucesión presidencial de 1982 no sólo por la apertura comercial, sino por la inserción plena de México en la economía mundial.

En un libro magnífico de aquella época, Carlos Tello Macías y Rolando Cordera reflejaron el ambiente desde el título: “México: la disputa por la nación: perspectivas y opciones de desarrollo” (1981).

La disputa era entre los neoliberales y los nacionalistas, siguiendo a Tello y Cordera.

A pesar de que mi visión se canteaba más hacia la apertura al exterior, preferí apoyar a Cárdenas porque su propuesta nacionalista reconocía las amenazas de la globalización que el grupo de Salinas prefería disminuir.

Así que voté por “el ingeniero” en 1988.

Después, padecí el enojo y la frustración de una elección amañada, distorsionada y manipulada por Manuel Bartlett, entonces presidente de la Comisión Federal Electoral de la Secretaría de Gobernación y hoy un ilustre morenista, resumida en la expresión “¡se cayó el sistema!”.

En las siguientes elecciones presidenciales de los años 1994 y 2000 voté de nuevo por Cárdenas.

Ante el anuncio de su fallecimiento, hice en privado una pequeña reverencia en homenaje al viejo luchador que iluminó, políticamente hablando, mis años juveniles.

Cárdenas está moral y políticamente muy por encima de Andrés Manuel López Obrador, Claudia Sheinbaum y MORENA, quienes hoy equivocadamente lo anuncian como “precursor” de su movimiento político.

Ninguno de ellos tiene una pizca de lo que se necesita para ser líderes auténticos como Cárdenas y Clouthier: entereza moral y honestidad intelectual.

Ellos representan la verdadera oposición democrática en México.

MORENA, por su autoritarismo, es todo lo contrario al legado de Cuauhtémoc Cárdenas.

Los más viejos lo sabemos bien.

Descanse en paz.

Rogelio.rios60@gmail.com

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