Colaborador Invitado

Un antes y después del TLCAN

Existe un antes y un después del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) para México. La firma del acuerdo con Estados Unidos y Canadá transformó a la economía nacional: pasó de ser una economía dependiente del gobierno y del petróleo a una economía manufacturera, exportadora y ligada al sector privado. En otras palabras, México dejó de depender de Pemex y del precio del petróleo para crecer, y comenzó a depender del sector manufacturero —especialmente el automotriz— y del sector externo, principalmente Estados Unidos.

El TLCAN abrió áreas de oportunidad donde México tenía ventajas competitivas: automotriz, electrónica, aeroespacial, dispositivos médicos, maquinaria y equipo, entre otros. Estos sectores se consolidaron y hoy el automotriz destaca como el más importante: representa alrededor del 30% de las exportaciones totales y posiciona al país como quinto exportador de vehículos a nivel mundial.

Si bien México se benefició del TLCAN, la renegociación que dio origen al TMEC —firmado en 2018 y vigente desde 2020— introdujo retos que antes no existían. Para entender el TMEC es clave recordar quién impulsó la renegociación: el entonces presidente estadounidense Donald Trump, con una visión más proteccionista. Bajo esa lógica, Estados Unidos endureció las reglas de origen, exigiendo mayor contenido regional en los procesos productivos. El problema para México es que muchos insumos utilizados en la manufactura provienen del extranjero, particularmente de Asia. México nunca desarrolló una política robusta para fortalecer la proveeduría local.

El TMEC 2.0 —la revisión que se negocia actualmente— será aún más estricto en reglas de origen. Sectores como el textil enfrentan riesgos significativos, pues compiten contra mano de obra asiática de muy bajo costo. En contraste, sectores como el automotriz tienen más experiencia en integrar cadenas de proveeduría local y podrían adaptarse con mayor facilidad.

El problema real del TMEC 2.0 es la incertidumbre: no hay claridad sobre plazos, duración ni reglas definitivas. Esta falta de certeza está afectando la inversión, especialmente la extranjera, ya que las empresas multinacionales requieren horizontes estables para decidir dónde expandirse. A esto se suma un entorno institucional complejo: un poder judicial percibido como tendencioso y alineado con intereses del gobierno federal no contribuye a generar confianza.

México está entrando en un episodio de incertidumbre que puede mermar los beneficios del TMEC. La economía mexicana se transformó gracias al TLCAN; ahora, la falta de claridad en la nueva etapa del acuerdo puede frenar esa evolución.

El autor es director general de Soluciones Financieras GAMMA, CEO de Miri Capital LLC e investigador no residente de Baker Institute en la Universidad de Rice. Tiene un doctorado en Finanzas y maestría en Economía Financiera, ambas por la Universidad de Essex en el Reino Unido.

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