Colaborador Invitado

La tormenta que nadie pidió y las decisiones que no podemos posponer

Por Rebeca Maldonado

Hay momentos en los que la industria te pone frente a una pregunta muy incómoda: ¿estás realmente preparada para lo que está pasando, o solo estás esperando que pase?

En los últimos meses, esa pregunta ha estado muy presente en las conversaciones que tengo con otros directores y dueños de empresas manufactureras en México. En los pasillos, en los desayunos de negocios, en las llamadas que antes eran de seguimiento comercial y ahora son de análisis y de búsqueda de alternativas.

Lo que está ocurriendo en la industria metalmecánica y manufacturera mexicana en este momento no es una corrección menor. Es una confluencia de factores que, juntos, están redefiniendo las reglas del juego para miles de empresas en el país.

Y creo que tenemos que hablar de eso con claridad. Con números en la mano.

El golpe es real. Los datos lo confirman.

Seamos directos desde el principio. Las empresas manufactureras con exposición al sector automotriz y a cadenas de suministro transnacionales, las caídas en ventas están rondando entre el 35% y el 40% respecto a los niveles de hace dos o tres años. En algunos segmentos, el número es más alto.

Pero esto no es una percepción aislada. Los datos sectoriales confirman la tendencia con una contundencia que pocas veces habíamos visto.

La industria siderúrgica —el eslabón que alimenta a toda la cadena metalmecánica— reportó en 2025 la mayor caída en consumo de su historia reciente: 10.1% menos, según Canacero.

La producción nacional de acero terminado cayó 8.1%, hasta 16.8 millones de toneladas, un nivel comparable al de hace más de una década. Y la capacidad instalada del sector opera hoy al 55%. Canacero lo calificó sin ambigüedades: nivel crítico.

En el sector automotriz, que para muchas empresas manufactureras del norte representa entre el 30% y el 60% de sus ingresos, las señales no son mejores. La producción de vehículos ligeros en México registró en septiembre de 2026 una caída de 15.1% respecto al mismo mes del año anterior.
Marcas como Mercedes-Benz o Kenworth  redujeron su producción en el país 49.3%. Nissan, 25.2%. Las exportaciones de vehículos acumulan cuatro meses consecutivos de retroceso.

¿Por qué están ocurriendo estas cosas al mismo tiempo?
Porque estamos siendo golpeadas por tres fuerzas que raramente coinciden con esta intensidad.

Tres fuerzas. Un impacto simultáneo. La presión arancelaria que cambió las reglas de un día para otro.

En 2025, Estados Unidos reactivó los aranceles de la Sección 232 para el acero y el aluminio mexicanos, eliminando la exención que teníamos desde el acuerdo de 2019 y llevándolos hasta el 50%.

El efecto fue inmediato: las exportaciones mexicanas de acero cayeron 21.6%, a 2.4 millones de toneladas. El déficit comercial acumulado con Estados Unidos en este segmento llegó a 4,400 millones de dólares.

Para las empresas metalmecánicas mexicanas que exportaban componentes o que servían a clientes cuyas cadenas de valor terminan en el mercado norteamericano, este cambio trastocó estructuras de costos y contratos que habían funcionado durante años.

Además, la revisión del T-MEC que arrancó el 1 de julio de 2026 añade una capa de incertidumbre adicional. Los compradores grandes postergan proyectos y ajustan volúmenes mientras esperan claridad sobre las nuevas reglas del comercio bilateral.

Y la Pyme manufacturera, que vive de esos contratos, absorbe el impacto directamente.

La competencia asiática con una intensidad que no habíamos enfrentado antes.

China produce hoy el 53% del acero mundial: aproximadamente 961 millones de toneladas de acero líquido al año. A nivel global, exporta 137 millones de toneladas equivalentes de acero contenido en productos manufacturados. Y una parte importante de esos productos llega a México a precios que desafían cualquier lógica de costos de producción local.
Las importaciones indirectas de acero en México —el que viene integrado en maquinaria, componentes y productos terminados— superaron 11 millones de toneladas equivalentes en 2024.

Estamos hablando de prácticas de dumping documentadas que llevaron a México a imponer cuotas compensatorias en múltiples categorías —cable de acero, clavos, componentes estructurales— y que siguen presionando la rentabilidad de la manufactura local en prácticamente todos los segmentos de valor medio.
La transición estructural en el sector automotriz.
La electrificación vehicular no es una tendencia futura. Es un proceso en curso que está reorganizando cadenas de suministro completas en este momento.

Algunos componentes tradicionales de los vehículos de combustión interna están dejando de necesitarse en los mismos volúmenes o están siendo sustituidos por partes completamente diferentes. Para las empresas que construyeron su capacidad instalada para servir esa demanda tradicional, el ajuste es profundo y no tiene reversión.

El error que no nos podemos permitir
Frente a este panorama, hay dos respuestas posibles. La primera es esperar. Reducir costos donde se pueda, aguantar el ciclo, y confiar en que la situación se normalice y los volúmenes regresen a donde estaban.

Es comprensible. Cuando una empresa lleva años construyendo relaciones comerciales en un sector específico, cuando toda la estructura operativa y comercial está calibrada para ese mercado, la idea de pivotar genera una resistencia natural.
Pero creo que esa respuesta, en las circunstancias actuales, es la más arriesgada de todas.

Lo que estamos viviendo no es un ciclo. Es un cambio de estructura.

Los aranceles de la Sección 232 no son una anomalía temporal: son parte de una reconfiguración política del comercio bilateral que lleva años construyéndose. La transición energética en el automotriz es irreversible. La presión de manufactura asiática no va a reducirse porque cambie el trimestre.
Esperar a que todo regrese a donde estaba es apostarle a un escenario que probablemente ya no existe.

La segunda respuesta —la que creo que define qué empresas van a estar aquí en cinco años y cuáles no— es usar este momento de presión como el catalizador para hacer lo que debería haberse hecho antes: diversificar mercados, fortalecer capacidades, y posicionarse activamente en sectores y con clientes con los que antes no habíamos tenido urgencia de trabajar.

La caída como mapa de oportunidades

Una caída del 35% o del 40% en ventas es un número que duele. Que genera presión financiera, que obliga a decisiones difíciles, que quita el sueño.

Pero también es un mapa.

Porque esa caída tiene un origen específico. Y si lo analizamos bien, podemos identificar con claridad dónde está la concentración que nos hizo vulnerables.

Para las empresas manufactureras mexicanas, ese análisis revela algo que todos saben pero pocas veces se dice en voz alta: una concentración de ingresos en un número pequeño de clientes y en uno o dos sectores. Un cliente que representaba el 40% de las ventas reduce su consumo a la mitad, y el impacto en la empresa es devastador.

Servir a pocos clientes grandes muy bien es eficiente. Hasta que uno de ellos ajusta.

Lo que la situación actual nos está forzando a hacer —buscar clientes y sectores donde antes no habíamos buscado— es exactamente lo que deberíamos haber estado haciendo de manera sistemática desde hace tiempo. Y hay sectores con demanda real que la manufactura metalmecánica mexicana puede servir muy bien: energías renovables, infraestructura industrial, aeroespacial —donde ya operan más de 400 empresas en el país—, manufactura para el sector salud, electrónica.

Algunos de estos sectores ya están siendo atendidos por empresas que diversificaron antes de que llegara la presión. Otros todavía tienen espacio para proveedores calificados que lleguen con el perfil correcto.

La pregunta es si estamos preparados para aprovecharlas.

El nearshoring es real. Pero no espera a nadie.

Hay una narrativa que circula en los foros industriales y que me parece importante matizar.

Se habla del nearshoring como si fuera una ola que va a llegar a todas las empresas mexicanas por el simple hecho de estar aquí. Como si la proximidad geográfica fuera suficiente para capturar la inversión y la demanda que están llegando.

No funciona así.

Los datos de inversión son contundentes: México captó 23,600 millones de dólares en inversión extranjera directa solo en el primer trimestre de 2026, un récord histórico y un alza de 10.4% respecto al mismo período del año anterior. El comercio bilateral con Estados Unidos alcanzó 872,800 millones de dólares en 2025, también un máximo histórico.
Y según el Índice de Confianza de IED de Kearney de 2026, México subió del lugar 25 al 19 entre los destinos preferidos de inversión global, y quedó quinto entre los mercados emergentes.

El interés está. La inversión está llegando. Las plantas se están instalando.
El problema es la brecha entre la demanda de proveedores locales calificados y la oferta real de empresas mexicanas listas para responderla.
En foros internacionales de proveeduría, en eventos de nearshoring, en encuentros de negocios con empresas europeas y norteamericanas que evalúan o expanden operaciones en México, hay una realidad que se repite con insistencia: las empresas que llegan encuentran difícil completar sus cadenas de suministro localmente al estándar que necesitan.

No hablo por que no existan suficientes fabricantes en México, sino porque muchos no tienen la estructura documentada, las certificaciones vigentes ni la capacidad de escalar que los compradores internacionales requieren.

Las empresas grandes que están llegando a Monterrey, al Bajío, a Saltillo, necesitan proveedores con sistemas de calidad certificados y funcionando de verdad —no en papel—, con trazabilidad completa, con capacidad de escalar sin que la calidad se deteriore, con comunicación técnica y comercial en inglés, y con estabilidad para compromisos de largo plazo.

Cada empresa que no cumple ese perfil es una oportunidad que se va a otro lado. A un proveedor en otro país. O a una empresa mexicana que sí se preparó.

“Hecho en México”: de eslogan a ventaja competitiva verificable

En esos foros de proveeduría internacional, hay una pregunta que escucho con una frecuencia que sigue sorprendiéndome:

“¿Tienen la certificación de Contenido Nacional? 

¿Están inscritas en el registro de ‘Hecho en México’?”

No es una pregunta secundaria. En muchos casos es una de las primeras.

¿Por qué? Porque para una empresa europea o norteamericana que necesita cumplir con los requisitos de contenido regional del T-MEC y del USMCA, un proveedor con certificación de contenido nacional verificable no es solo un proveedor más. Es una solución a un problema de cumplimiento normativo que tienen encima.
El T-MEC establece requisitos de contenido regional específicos para múltiples categorías de productos. Las empresas que necesitan cumplirlos —para mantener acceso preferencial a los mercados de Estados Unidos y Canadá— requieren proveedores que puedan demostrar ese contenido de manera documentada y verificable.
Sin esa documentación, el comprador asume el riesgo de incumplimiento. Y eso es un riesgo que ningún director de compras quiere asumir.

La certificación “Hecho en México” y los mecanismos de acreditación de contenido nacional son el instrumento formal para responder a esa pregunta. No es un proceso trivial: requiere documentar procesos, proveedores, porcentajes de valor agregado nacional. Pero el retorno es concreto.

Una empresa que llega a una reunión de prospección y puede mostrar esa acreditación vigente convierte una conversación de venta en una conversación de cumplimiento.

Y eso acorta tiempos, reduce fricción y posiciona diferente en la evaluación del comprador.

Vale la pena también señalar el contexto más amplio de esta tendencia: el gobierno mexicano avanza en 2026 en una política de contenido nacional obligatorio para obras públicas —con una demanda estimada de 150,000 toneladas de acero de refuerzo y 50,000 de acero estructural solo en este año, y más de un millón de toneladas proyectadas para los trenes de pasajeros durante el sexenio— lo que abre un mercado doméstico adicional con demanda asegurada para la manufactura metalmecánica nacional.

La dirección de la política industrial está clara. La pregunta es quién va a estar posicionado para aprovecharla.

Lo que estamos haciendo desde adentro

Quiero ser concreta sobre esto, porque las reflexiones sin referencia a la práctica real son poco útiles en un foro como este.

En Manufacturas Metálicas Maldonado, la caída en el segmento que históricamente había sido nuestro principal motor comercial nos obligó a acelerar decisiones que ya estaban en el radar pero que la operación del día a día siempre postergaba.

La primera fue la más básica: hacer un análisis honesto de concentración de cartera. No dónde creíamos que estábamos, sino dónde estábamos realmente. La respuesta, como en muchas empresas, era más concentrada de lo que quisiéramos.

La segunda fue identificar sectores adyacentes donde nuestras capacidades —corte láser, doblez de tubería, soldadura especializada, fabricación de componentes especiales— son relevantes y donde hay demanda activa de proveedores locales calificados.

La tercera fue salir activamente a buscar esos mercados. Foros de proveeduría. Encuentros de nearshoring. Eventos sectoriales fuera de los que normalmente asistíamos. Con una propuesta clara de valor y con la documentación en orden para poder avanzar en procesos de calificación de manera ágil.

Y la cuarta, que sigue en proceso, es fortalecer la evidencia documentada de lo que sabemos hacer. Casos de éxito. Capacidades de proceso descritas con precisión técnica. Certificaciones vigentes y visibles. Porque en este entorno, la empresa que llega con la historia mejor contada y la evidencia más sólida tiene una ventaja real sobre la que llega solo con un catálogo y una lista de precios.

Una lectura de lo que viene

Termino con algo que me parece importante decir con claridad.

La manufactura mexicana tiene una oportunidad histórica en este momento. La inversión extranjera está llegando en niveles récord. El reordenamiento de cadenas de suministro globales está creando demanda real de proveedores locales que no existía en esta escala hace diez años.

El T-MEC, con todas sus incertidumbres, sigue siendo el marco preferencial de comercio más importante que tenemos. Pero esa oportunidad no está garantizada para todas. No es un derecho automático que nos corresponde por geografía.

Las empresas que van a capturar esa demanda son las que tienen sistemas de calidad sólidos y certificados.

Las que pueden escalar sin perder consistencia.

Las que están documentadas, visibles y con la evidencia en orden.

Las que hablan el lenguaje —técnico y comercial— que los compradores internacionales necesitan escuchar.

Y las que entienden que prepararse para esa demanda es un trabajo que empieza hoy, no cuando ya llegó el pedido.

La tormenta actual es real. Los números duelen. Las decisiones son difíciles.

Pero también es cierto que las empresas que emergen más fuertes de los momentos de presión casi siempre son las que usaron esa presión para hacer lo que la comodidad no les permitía hacer antes.

Esa es la decisión que tenemos frente a nosotras ahora mismo.

 

Rebeca Maldonado es Directora Comercial de Manufacturas Metálicas Maldonado, empresa regiomontana con más de 40 años en la fabricación de sistemas de escape para maquinaria pesada y servicios de maquila metalmecánica.

Datos integrados en la columna, con sus fuentes:

  • Caída consumo acero 10.1% / producción -8.1% / capacidad al 55% → Canacero vía Forbes México
  • Exportaciones acero -21.6% / aranceles Sección 232 al 50% → Expansión
  • Producción automotriz -15.1% sept 2026 / Mercedes -49.3% / Nissan -25.2% → UnoTV / INEGI
  • China: 53% del acero mundial / 137 Mt exportadas en manufactura / 11 Mt importaciones indirectas México → Forbes México
  • IED récord Q1 2026: $23,600 MDD / México lugar 19 Kearney / comercio bilateral $872,800 MDD → Calder & Vale
  • Demanda acero gobierno 2026: 150K / 50K toneladas → Expansión

 

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Mira también
Cerrar
Botón volver arriba