Aranceles de Trump hunden la industria del acero mexicanas: exportaciones se desploman un 75%
Tras un breve periodo de bonanza post-pandemia, la siderurgia mexicana enfrenta una crisis aguda derivada de las políticas proteccionistas y las presiones diplomáticas de Washington.
La industria siderúrgica nacional se encuentra en estado de alerta tras registrarse una caída estrepitosa del 75% en las exportaciones de acero. Este desplome es el resultado directo de la imposición de fuertes impuestos aduaneros por parte de la administración de Donald Trump, afectando un sector estratégico para la economía, especialmente en la cadena de valor automotriz.
El fin del «espejismo» post-pandemia
El sector ya arrastraba tres años de contracción en los precios cuando el panorama geopolítico terminó por oscurecerse. El año 2022 se recuerda ahora como el último periodo de bonanza para el acero; en ese momento, la altísima demanda de Estados Unidos para reabastecer inventarios agotados tras la crisis del Covid-19 generó un flujo comercial extraordinario que hoy parece lejano.
Tras ese pico, sobrevino un desplome que ha sumido a las empresas del ramo en un ambiente de profunda incertidumbre.
El acero como arma política y migratoria
A finales de 2024, el panorama empeoró cuando Trump implantó un arancel del 25% a las importaciones de acero. Sin embargo, esta medida no respondió únicamente a razones económicas, sino que fue utilizada como una herramienta de presión política sobre el gobierno mexicano en dos frentes críticos:
Combate al narcotráfico: Como medida para forzar mayores controles contra el contrabando de fentanilo, la droga sintética 50 veces más potente que la heroína que causa miles de muertes por sobredosis en EE. UU.
Control migratorio: Como moneda de cambio para frenar el flujo de migrantes hacia la frontera norte.
Un mercado bajo llave
Esta estrategia ha transformado el dinamismo comercial en un entorno rígido. Según Rodrigo Alophat, investigador del Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE), el mercado estadounidense se ha vuelto «más cerrado», permitiendo que los productores locales en EE. UU. se beneficien directamente de este «sesgo proteccionista».
Mientras las siderúrgicas mexicanas buscan vías para sobrevivir a la restricción, el sector automotriz —principal consumidor de este insumo— observa con preocupación cómo los costos y las barreras comerciales reconfiguran el mapa económico de Norteamérica.