Lastra transición sistemática a informalidad crecimiento económico.- BASE
2025 fue un punto de inflexión negativo para el mercado laboral
27 de enero de 2026.- BASE publicó hoy la “Situación del mercado laboral mexicano en 2025 y productividad”.
- Mercado Labora
El 2025 marcó un punto de inflexión negativo para el mercado laboral mexicano, consolidando un deterioro estructural donde la ocupación dejó de ser un motor de eficiencia para convertirse en un lastre para el crecimiento.
La transición sistemática hacia la informalidad provocó que el crecimiento económico resultara sumamente costoso, reflejándose en una contribución negativa a la productividad total que ha anclado el PIB potencial.
El año cierra con un ecosistema precarizado, atrapado en una trampa de ineficiencia y estancamiento de largo plazo. Esto se vio reflejado en la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) durante 2025, donde la población ocupada aumentó en 1,057,970 personas, situándose en 60.38 millones.
Este crecimiento fue impulsado en su totalidad por el empleo informal, que sumó 1,161,926 personas, compensando así la pérdida neta de 103,956 empleos en el sector formal. Además de 2025, solo se registran caídas del empleo formal en 2008 (-403,212) y 2020 (- 1,196,997), ambos periodos asociados a recesiones.
Por otro lado, en 2025 la población desocupada disminuyó en 1,170 personas, lo que ocasionó que la Población Económicamente Activa (PEA) aumentara en 1.05 millones de personas, alcanzando un total de 61.86 millones.
Esto significa que, aunque se generó empleo, este se creó en condiciones menos favorables, lo que ha provocado que muchos busquen refugio en la informalidad.
Esta situación termina desplazando a las personas hacia empleos de menor calidad. Aunque disminuye el desempleo, no hay oportunidades formales suficientes para la población que quiere trabajar.
Con ello, la tasa de desempleo nacional cayó de 2.43% al cierre de 2024 a 2.39% a diciembre de 2025.
En cuanto a la tasa de desempleo urbana, la cual es un indicador que se calcula utilizando los datos agregados de principales ciudades de México con el fin de analizar con mayor precisión los mercados laborales formales, tuvo una caída más pronunciada que la tasa nacional.
De acuerdo con series desestacionalizadas, la tasa de desempleo urbana pasó de 3.02% en 2024 a 2.95% en 2025.
En cuanto a la Población No Económicamente Activa (PNEA), esta registró un aumento de 1.12 millones de personas en 2025, situándose en 42.81 millones, lo que representa un crecimiento anual de 2.69%. La población disponible disminuyó en 110 mil personas, mientras que la no disponible mostró un incremento de 1.23 millones respecto a 2024.
Esta dinámica indica que un mayor número de personas optó por transitar hacia la inactividad laboral durante el último año, saliendo de la fuerza de trabajo, lo cual contribuye a explicar por qué el número de desocupados se redujo en el periodo.
Factores como el fortalecimiento del gasto en programas sociales federales y la dificultad para encontrar empleo podrían estar incidiendo en la decisión de ciertos grupos poblacionales de no participar activamente en el mercado laboral al contar con fuentes de ingresos alternativas.
Considerando estos datos, es evidente que el mercado laboral mexicano atraviesa por un deterioro, el cual se hace manifiesto en 2025 al observarse un incremento en el promedio mensual de la informalidad laboral, la cual pasó de 54.27% en 2024 a 54.85%.
Más personas han tenido que incorporarse al mercado laboral debido a la disminución en remesas a tasa anual y la necesidad de complementar ingresos, especialmente la población adulta mayor.
Sin embargo, el mercado laboral no ha podido absorber esta oferta laboral en el sector formal, implicando una migración forzada hacia la precariedad en todos los segmentos y sectores económicos.
De hecho, al observarse los datos trimestrales que publica la ENOE, los cuales presentan cifras más completas sobre la situación laboral mexicana y están disponibles hasta el tercer trimestre de 2025, se registra que el empleo formal tuvo caídas en todos los subgrupos de edad y en los tres sectores económicos.
En cuanto a la población ocupada por condición de formalidad, y observando los datos mensuales de 2025, la ocupación formal registra una contracción anual de 0.38%, mientras que la informal presenta un crecimiento de 3.65%.
Con ello, el empleo formal hila seis meses consecutivos de caídas anuales; de hecho, la formalidad acumularía once meses a la baja si no fuese porque en junio de 2025 tuvo un crecimiento anual marginal de 0.01%.
Históricamente, solo en otros dos momentos el empleo formal registró más de cuatro caídas consecutivas a tasa anual: entre abril de 2020 y marzo de 2021, y entre diciembre de 2008 y julio de 2009, ambos periodos asociados a recesiones.
En contraste, el empleo informal registra nueve meses de incrementos anuales constantes. Por lo tanto, el crecimiento anual del empleo en el segundo semestre fue explicado en su totalidad por la informalidad.
A su vez, al considerar las cifras trimestrales, se observa que los tres sectores económicos registraron una caída en su población ocupada formal, con descensos de 6.04% en el sector primario, 1.78% en el secundario y 1.46% en el terciario.
Es decir, en los tres grupos de actividad económica el empleo formal ha retrocedido a tasa anual, acumulando dos trimestres consecutivos a la baja.
Que los tres sectores económicos tengan caídas anuales simultáneas en la ocupación formal solo ha ocurrido en otros dos periodos, entre el tercer y cuarto trimestre de 2020 y en el segundo trimestre de 2009, ambos considerados de recesión.
Un aspecto crítico es que la Población No Económicamente Activa aumentó ligeramente, aunque se registró una caída entre quienes están disponibles para trabajar, al tiempo que aumentó la Población Económicamente Activa.
Respecto al empleo formal, aunque registró un ligero incremento mensual, hila seis meses consecutivos de caídas anuales, lo que demuestra que este repunte marginal no es suficiente para lograr una recuperación sostenida.
En el mismo sentido, la tasa de informalidad subió. De acuerdo con la Medición de la Economía Informal del INEGI, en 2024 la contribución de la informalidad al PIB fue de 25.38%, la mayor proporción desde 2003.
ado que la informalidad promedio en 2024 fue de 54.27% y en 2025 fue de 54.85%, se proyecta que su contribución al PIB de 2025 aumentó a 26.58%.
Es importante destacar la brecha de eficiencia entre sectores: en 2024, mientras la población formal generó el 74.62% del valor total de la economía, el sector informal, siendo mayor en número de personas empleadas, solo contribuyó con el 25.38%.
Por lo tanto, el aumento persistente en la informalidad disminuye el PIB potencial del país al concentrar la fuerza laboral en actividades de baja productividad. Este retroceso representa un desafío que compromete el bienestar de los trabajadores, erosiona la base recaudatoria y limita el crecimiento económico de largo plazo para México.
Antes de proceder con los datos del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), es fundamental precisar que la ENOE y los registros del IMSS ofrecen perspectivas distintas debido a diferencias metodológicas profundas en su concepción, cobertura y unidad de medida.
Primero, la unidad de observación es diferente: el IMSS es un registro administrativo que contabiliza «puestos de trabajo» afiliados; esto implica que una persona con dos empleos en empresas distintas aparece dos veces en la estadística.
Por el contrario, la ENOE es una encuesta de hogares que mide «personas»; cada individuo es una unidad, independientemente de cuántos empleos desempeñe, lo que permite medir la ocupación real de la población.
Segundo, la definición de formalidad de la ENOE es mucho más amplia y multidimensional que la del IMSS. Para el INEGI, la formalidad se define principalmente por el acceso a un esquema de seguridad social reconocido y prestaciones laborales, lo que implica una relación de trabajo que exige el cumplimiento de obligaciones patronales como un contrato escrito, el pago legal del salario y la inscripción a la seguridad social.
Bajo esta metodología, un trabajador es formal si cuenta con dicha certidumbre jurídica, independientemente de si su registro es ante el IMSS, el ISSSTE, PEMEX o institutos estatales.
El IMSS, en cambio, se limita estrictamente a los trabajadores del sector privado subordinado que están dados de alta administrativamente en su sistema.
Esto genera una brecha importante, ya que la ENOE capta a profesionales independientes, autoempleados y trabajadores de instituciones públicas que operan en la formalidad legal pero que no forman parte de la base de datos del IMSS.
Finalmente, la cobertura de la ENOE permite captar el fenómeno de la informalidad en todas sus facetas: desde el sector informal (negocios no registrados) hasta la informalidad en empresas formales o el servicio doméstico.
Mientras el IMSS es un termómetro exclusivo del empleo subordinado en empresas medianas y grandes que cumplen con sus obligaciones patronales, la ENOE es un indicador estructural que refleja el desplazamiento real de los trabajadores hacia el autoempleo, el trabajo informal o la inactividad cuando el sector formal se cierra, proporcionando una visión integral de la salud del ecosistema laboral que los registros administrativos por sí solos no pueden ofrecer.
En este contexto, el IMSS reportó al cierre de diciembre de 2025 un total de 22,517,076 puestos de trabajo, lo que representó una disminución mensual de 320,692 empleos respecto a noviembre (-1.40%).
Cabe recordar que en diciembre normalmente se observa destrucción de posiciones laborales por el cierre del año, por lo que la contracción era esperada.
A tasa anual, el empleo formal ante el IMSS mostró un crecimiento de 1.25%, acelerándose frente al 0.86% registrado en noviembre.
Sin embargo, el crecimiento en el IMSS está fuertemente influenciado por la prueba piloto para trabajadores de plataformas digitales; al restar este efecto, el crecimiento anual se reduce a solo 0.32%.
En el balance de 2025, el IMSS registró 278,697 empleos, pero al omitir las plataformas, la creación real es de apenas 72,176 puestos, un nivel que solo se sido peor en 2020 (-647,710), 2009 (-171,713), 2008 (-29,589), 2003 (25,280), 2002 (61,356) y 2001 (-266,815).
La fragilidad del mercado laboral se confirma al analizar el registro patronal, el cual reportó un total de 1,029,280 patrones en diciembre, una disminución de 6,839 respecto al mes anterior.
En términos anuales, se observa una caída de 25,667 patrones respecto a diciembre del año pasado, equivalente a una contracción de 2.43%.
Esta racha de 18 meses consecutivos de caídas anuales no ocurría desde el periodo entre 2003 y 2005, evidenciando una destrucción sostenida de unidades económicas.
Respecto al salario, se registró un salario base de cotización promedio de 627.90 pesos diarios, con un crecimiento real de 3.09% tras considerar la inflación.
Al multiplicar el número total de trabajadores asegurados por este salario base real, se obtiene la masa salarial real, la cual registró un crecimiento de 4.38% en diciembre. Si bien esta medida sugiere resiliencia
en el consumo, su dinamismo descansa en el ajuste de los salarios promedio y no en la creación genuina de nuevos puestos de trabajo o empresas, manteniendo la señal de alerta sobre la productividad y el crecimiento económico de largo plazo.
El balance del mercado laboral al cierre de 2025 confirma que México atraviesa un proceso de estancamiento estructural, donde la resiliencia de la tasa de desempleo oculta una degradación profunda en la calidad de la ocupación.
Mientras los registros administrativos del IMSS cierran el año con un crecimiento marginal, este se encuentra distorsionado por la regularización de trabajadores preexistentes y no por una expansión genuina de la capacidad productiva.
La realidad captada por la ENOE, con una pérdida masiva de plazas formales y un refugio sistemático en la informalidad, demuestra que el capital humano ha dejado de ser un motor de eficiencia para convertirse en un lastre que ancla el PIB potencial.
Este retroceso se refleja en la proyección de que la economía informal podría aumentar su contribución al PIB hasta 26.58% al cierre de 2025, lo que implica una mayor concentración de la fuerza laboral en actividades de baja productividad que limitan el crecimiento de largo plazo.
De hecho, esta ineficiencia estructural es observada por el INEGI en el reporte sobre la Productividad Total de los Factores (PTF) con cifras actualizadas al 2024. El reporte muestra que la eficiencia con la que México combina sus recursos retrocedió 0.35%, lo que significa que la producción creció a un ritmo menor que los insumos que se invirtieron para lograrla.
La contribución de los servicios laborales fue de -0.05, rompiendo la tendencia de recuperación tras la pandemia y señalando que el capital humano no pudo compensar las deficiencias de la producción.
Este fenómeno va de la mano con el deterioro observado en el origen de la producción, confirmando que el crecimiento resultó sumamente costoso para el país, al requerir más recursos para las mismas unidades de valor agregado.
Para el 2026, el principal desafío será la sostenibilidad del consumo interno ante la fragilidad de la base empresarial formal. La racha de contracción en el registro patronal, que suma 18 meses consecutivos de caídas anuales y una pérdida de más de 25 mil patrones, sugiere que el sector formal está perdiendo capacidad para generar empleos de calidad.
Aunque el incremento en los salarios promedio y la masa salarial real sostuvieron el poder adquisitivo en 2025, este dinamismo enfrenta un techo estructural: sin la creación de nuevas unidades económicas, el crecimiento de los ingresos dependerá de ajustes nominales y no de incrementos en la productividad, lo que profundizará el desplazamiento hacia la informalidad.
Finalmente, el comportamiento de la fuerza laboral en 2026 estará condicionado por la migración hacia la inactividad observada en la PNEA y el impacto de los programas sociales federales.
La dificultad para acceder a empleos formales, sumada a fuentes de ingreso alternativas, seguirá incentivando la salida de personas de la población económicamente activa, generando una paradoja de escasez de mano de obra en un entorno de bajo crecimiento.
Si la inversión no logra reactivar el sector secundario, que ya hila cinco trimestres de caídas anuales, la economía mexicana seguirá atrapada en una trampa de ineficiencia donde el empleo informal continuará subsidiando la falta de plazas formales, comprometiendo la recaudación estatal y la estabilidad económica para el cierre del próximo ciclo.
- Salario Mínimo
Para el 2026, el entorno laboral enfrentará presiones adicionales derivadas de los ajustes al salario mínimo y las reformas a la jornada de trabajo. El salario mínimo general se incrementó 13%, pasando a $315.04, mientras que en la Zona Libre de la Frontera Norte el aumento fue del 5%, situándose en $440.87. Paralelamente, se ha establecido la hoja de ruta para la reducción gradual de la semana laboral a 40 horas a partir de 2027. Dado que estas normativas son de cumplimiento obligatorio bajo la Ley Federal del Trabajo (LFT), su implementación genera una carga financiera inmediata en el sector formal, especialmente en entidades como Chiapas, Tamaulipas y Coahuila, donde una alta proporción de la fuerza laboral percibe hasta dos salarios mínimos.
Este incremento en los costos operativos agrava la brecha de eficiencia ya descrita en la Medición de la Economía Informal (MEI). Si se considera que la población formal genera el 74.62% del valor de la economía con menos personal que el sector informal, elevar los costos de contratación sin un aumento previo en la productividad incentiva el desplazamiento de las empresas hacia la informalidad. Este fenómeno, que ya se manifestó en 2025 con el aumento de la informalidad en veinte de las treinta y dos entidades, consolida la proyección de que la contribución informal al PIB supere el 26%. Al moverse las operaciones fuera del marco legal para evadir el costo de la seguridad social, se concentra la fuerza laboral en actividades de baja productividad, lo que termina por erosionar la base recaudatoria del Estado y socavar el PIB potencial.
Finalmente, aunque la reducción de la jornada laboral comenzará formalmente en 2027, las empresas ya han iniciado ajustes preventivos para reorganizar sus puestos de trabajo. Debido a que las horas extras se pagan al doble o al triple bajo la ley actual, los negocios se ven obligados a buscar formas de operar que eviten que los costos se vuelvan insostenibles.
El riesgo para 2026 es que, si estos mayores gastos no van acompañados de un repunte en la inversión, las empresas opten por disminuir la contratación formal. Además, si los mejores salarios y la reducción de horas no se respaldan con un aumento en la productividad, el sector formal terminará por deteriorarse. Esto dejaría que la expansión de la informalidad siga siendo el principal freno para que la economía del país pueda crecer.
- Productividad laboral La productividad laboral en México revela un escenario de estancamiento estructural que se vuelve aún más crítico al integrar los datos de la Medición de la Economía Informal (MEI) publicados por el INEGI con cifras de 2024. Estos resultados permiten dimensionar el impacto real del Valor Agregado Bruto (VAB) de la informalidad en la estructura del país.
En 2024, la contribución de la informalidad al PIB alcanzó un 25.38%, el nivel más alto registrado en la serie histórica desde 2003. Este máximo se alcanzó con una población ocupada informal del 54.42%, evidenciando un contraste abismal frente al sector formal, el cual, con apenas el 45.58% de la población ocupada, generó el 74.62% del valor total de la economía.
Es decir, aunque hubo significativamente menos personas en la formalidad, estas fueron las encargadas de sostener casi tres cuartas partes del PIB nacional. Este avance de la informalidad no es un evento aislado, sino una tendencia que hila cuatro años consecutivos de crecimiento en su participación dentro del PIB, escalando desde un 22.18% en 2020 hasta el nivel actual.
Para el cierre de 2025, la situación se agrava: al proyectar los datos de la ENOE, que muestran una caída persistente del empleo formal frente a un aumento del informal, la estimación sugiere que la contribución informal podría dispararse al 26.58% al cierre del año.
Este desplazamiento masivo actúa como un freno directo al crecimiento económico, ya que el empleo formal es intrínsecamente más productivo y genera una aportación per cápita mucho mayor al PIB nacional. A la par de este fenómeno, los resultados de la Productividad Total de los Factores (PTF) confirman que México está perdiendo eficiencia en la combinación de sus recursos productivos.
Durante 2024, la PTF registró una contracción de 0.35%, lo que implica que la producción creció a un ritmo de apenas 0.76%, muy por debajo del incremento del 1.11% en los recursos invertidos para generarla. Este bajo crecimiento es equiparable únicamente a periodos como 1995, 2001, 2002, 2008, 2009, 2019 y 2020, todos asociados con recesiones económicas.
Dentro del desglose de insumos, es alarmante la contribución negativa de 0.05 de los servicios laborales, señalando que el capital humano ya no compensa las deficiencias del sistema productivo. De cara a 2026, el panorama sugiere que México seguirá atrapado en un ciclo de baja eficiencia.
Si la tendencia de informalización no se revierte, la economía nacional continuará requiriendo inversiones de capital cada vez más costosas para generar niveles mínimos de valor agregado,
o que hace al crecimiento sumamente ineficiente. Este retroceso estructural no solo compromete el bienestar de los trabajadores al anclarlos en actividades de baja remuneración, sino que erosiona sistemáticamente la base recaudatoria del Estado y pone en riesgo la capacidad de crecimiento de largo plazo al reducir la producción real por cada trabajador integrado al mercado.
- Tipo de cambio (Productividad Balassa) Este deterioro en la eficiencia productiva y el desplazamiento hacia la informalidad también tienen implicaciones directas en la valoración del peso mexicano. Bajo el enfoque de BalassaSamuelson, el fortalecimiento permanente de una moneda se explica por el crecimiento de la productividad laboral en los sectores industriales expuestos al comercio internacional.
Los hallazgos confirman que la eficiencia del sector manufacturero ha actuado como un ancla fundamental de largo plazo para el peso; sin embargo, al ser el sector formal el único capaz de sostener estos niveles de productividad, su actual debilitamiento frente a la informalidad pone en riesgo la estabilidad estructural de la moneda. Un resultado relevante de este análisis es la identificación de una elevada persistencia en el comportamiento del peso, donde aproximadamente el 91.5% de su valor está explicado por su nivel inmediato anterior.
Esta «memoria» del mercado refleja que el tipo de cambio no reacciona de forma impulsiva ante el deterioro de los indicadores económicos, sino que los cambios en la estructura productiva y la pérdida de productividad se reflejan de manera gradual.
Esto sugiere que, aunque el peso ha mostrado estabilidad, la transición sistemática hacia actividades informales de baja productividad terminará por erosionar el ancla que sostiene el valor de la moneda en el largo plazo.
No obstante, en el corto plazo, el peso muestra una sensibilidad notable a factores financieros que han compensado la debilidad de la producción y el empleo formal. El atractivo de México por el diferencial de tasa de interés con Estados Unidos y Japón, junto con las operaciones de carry trade, han servido como pilares de soporte.
El modelo sugiere que la disminución en la percepción del riesgo incentiva estos flujos, manteniendo al peso en niveles de fortaleza. Sin embargo, en un entorno donde la productividad retrocede y la informalidad gana terreno, el tipo de cambio queda vulnerable; cualquier aumento en la incertidumbre podría presionar al alza la cotización al quedar expuesta la falta de un respaldo económico sólido en la economía nacional.
Reportacero