Economia y Politica

Reducir 10% el desperdicio alimentario ahorraría hasta 4 billones de litros de agua en México

Más de 40 billones de litros de agua se pierden cada año en alimentos no consumidos, en un contexto de estrés hídrico y cambio climático

  • Entre 35% y 45% del territorio enfrenta algún nivel de estrés hídrico, lo que amplifica el impacto del desperdicio en el uso de recursos.
  • La pérdida de alimentos también tiene impacto climático: representa entre 8% y 10% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero.

CDMX, a 26 de marzo de 2026. En un contexto de creciente presión sobre los recursos naturales, el desperdicio alimentario emerge como una de las ineficiencias más relevantes, y menos visibles, del sistema productivo en México: no sólo implica pérdidas económicas, también representa un uso intensivo de agua y una carga adicional para el medio ambiente.

En el país se desperdician cada año alrededor de 20.4 millones de toneladas de alimentos, lo que equivale a cerca del 34% de la producción nacional, de acuerdo con estimaciones del Instituto Nacional de Estadística y Geografía y la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural. La producción de estos alimentos requiere más de 40 billones de litros de agua (40 mil millones de metros cúbicos), volumen que hoy se pierde sin generar valor, según cálculos construidos con base en la huella hídrica de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura.

El fenómeno cobra mayor relevancia en un país donde entre 35% y 45% del territorio enfrenta estrés hídrico, de acuerdo con la Comisión Nacional del Agua y el World Resources Institute, en un entorno donde la presión climática intensifica la variabilidad en la disponibilidad del recurso.

Para Cheaf —plataforma que conecta excedentes de alimentos con consumidores—, este fenómeno refleja una falla estructural en la forma en que se planea, produce y comercializa la comida así como un tema de eficiencia en el uso de recursos.

“El desperdicio no es sólo comida que no se vende. Es agua, energía y recursos que ya se utilizaron sin generar valor. El problema es que esos costos no siempre se hacen visibles en la operación diaria”, señaló Braulio Valenzuela, Country Manager para Cheaf en México.

 

Detrás de cada alimento que no se consume existe una huella hídrica acumulada —desde la producción agrícola hasta su distribución— que rara vez, se incorpora en la toma de decisiones operativas. De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, productos como la carne, los lácteos o los granos pueden requerir miles de litros de agua por kilogramo, lo que amplifica el impacto del desperdicio a lo largo de toda la cadena.

 

Reducir apenas 10% de la merma alimentaria en México podría traducirse en un ahorro de hasta 4 billones de litros de agua al año (equivalente a 4 mil millones de metros cúbicos), lo que posiciona la gestión de excedentes como una de las medidas más inmediatas para aliviar la presión hídrica.

 

Una parte relevante del desperdicio ocurre en etapas cercanas al consumidor, particularmente en retail y foodservice, donde la presión por mantener inventarios disponibles convive con la falta de métricas claras sobre la merma. En dicha industria, el excedente suele quedar fuera del sistema sin un destino definido, lo que convierte al desperdicio en una consecuencia operativa más que en una excepción.

 

“Cuando no hay procesos ni incentivos para gestionar el excedente, lo más fácil es descartarlo. Y ahí no sólo se pierde producto, también eficiencia en el uso de los recursos más valiosos que tenemos. Redistribuir excedentes y hacer de esta gestión parte de la operación cotidiana se vuelve una de las formas más inmediatas de evitar que estos recursos se pierdan”, agregó Valenzuela.

A la presión sobre el agua se suma el impacto climático del desperdicio. De acuerdo con estimaciones recientes del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, la pérdida y desperdicio de alimentos es responsable de entre 8% y 10% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, lo que la convierte en un factor relevante dentro de la crisis climática.

El impacto se intensifica en regiones con alta actividad económica y presión hídrica, como el norte del país, el Bajío y el Valle de México. De acuerdo con el World Resources Institute, varios de estos estados se encuentran entre los más vulnerables al estrés hídrico, lo que vuelve la reducción del desperdicio una variable no sólo ambiental, sino también económica.

“Estamos hablando de un volumen de agua que podría cubrir el consumo anual de entre 40 y 50 millones de personas en México si sólo gestionamos mejor la merma. Eso cambia la dimensión del problema: el impacto del desperdicio deja de ser un tema exclusivo de la cadena alimentaria y se convierte en un tema de gestión de recursos. En ciudades donde la presión hídrica es creciente, esta discusión no se puede seguir postergando”, concluye Valenzuela.

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