México bajo alerta: ocho meses de fuga de capitales revelan una verdad incómoda
Por Carlos Peña
México vuelve a encender las alarmas financieras: noviembre registró una salida de capitales por 5,168.66 millones de pesos en valores gubernamentales, hilando ocho meses consecutivos de retiro de inversión extranjera. Es una racha que no se veía desde el periodo de diciembre de 2020 a agosto de 2021 y, antes de eso, desde 1999.
Entre diciembre de 2024 y noviembre de 2025, los extranjeros han reducido su exposición a deuda mexicana en más de 120 mil millones de pesos, llevando su tenencia a cerca de 1.7 billones. No es un simple bache: refleja prudencia, desconfianza y una recomposición del mapa de riesgos global.
¿Qué está detrás de esta fuga silenciosa? En primer lugar, la combinación de menor tasa local y mayor riesgo percibido. Conforme Banxico recorta la tasa y caen los rendimientos de instrumentos como los Cetes, el atractivo de México frente a otros mercados se reduce. Al mismo tiempo, el regreso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, la próxima revisión del T-MEC en 2026 y las tensiones comerciales elevan la aversión al riesgo en la región.  México, que fue visto como “puerto seguro” dentro de los emergentes, hoy aparece como un activo a ajustar, no a sobreponderar.
En segundo lugar, pesan los factores internos: cambios regulatorios, dudas sobre Estado de derecho y energía, así como señales de mayor intervención política. Para un fondo global que decide desde Nueva York o Londres, cada titular de incertidumbre institucional se traduce en una prima de riesgo más alta y en una pregunta incómoda: ¿vale la pena seguir expuesto a México al mismo nivel?
La salida de capitales no ha provocado, por ahora, un colapso: el peso se mantiene resiliente y el sistema financiero conserva liquidez. Pero sería un error leer esta estabilidad como inmunidad. Menos capital extranjero implica mayor costo de financiamiento para el gobierno, presión potencial sobre el tipo de cambio y menor profundidad en el mercado de deuda. En un entorno de desaceleración global, cada punto base adicional en la tasa que deba pagar el país es menos margen para invertir en infraestructura, salud o educación.
La pregunta es si México aprovechará este aviso a tiempo. Recuperar la confianza no se logra con discursos, sino con reglas claras, respeto a contratos e instituciones sólidas, y una agenda que premie la productividad, no el corto plazo electoral. La fuga de capitales es, en el fondo, un espejo: recuerda que la confianza tarda años en construirse y puede evaporarse en meses. Ignorarla sería, quizá, el lujo más caro que podría darse México hoy.