MONTERREY

Estrés hídrico e infraestructura ponen presión sobre la calidad del agua en Nuevo León

La sobreexplotación de fuentes de abastecimiento, redes hidráulicas deterioradas y contaminación figuran entre los principales factores que pueden afectar la calidad del agua que llega a los hogares.

La crisis hídrica en México no se limita a la disponibilidad del agua, sino también a las condiciones de calidad en las que el recurso llega a los consumidores. En entidades con alta densidad poblacional y crecimiento urbano como Nuevo León, factores ambientales, infraestructura y contaminación representan retos para garantizar un suministro adecuado.

Aunque Monterrey cuenta actualmente con agua de calidad proveniente de la red pública, análisis citados de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL) señalan que en municipios como Apodaca, Escobedo, Santa Catarina y García se han identificado parámetros como cloruros, alcalinidad y dureza que pueden afectar el cumplimiento de condiciones requeridas para determinados usos domésticos.

Uno de los factores que inciden en la calidad del recurso es el estrés hídrico. La sequía, la reducción de los niveles de almacenamiento y la presión sobre los acuíferos pueden incrementar la concentración de minerales y otros compuestos, complicando los procesos necesarios para su tratamiento.

La sobreexplotación de las fuentes de abastecimiento también puede generar mayores dificultades para mantener las condiciones adecuadas del agua, particularmente en periodos prolongados de escasez.

Redes hidráulicas, otro punto de riesgo

La infraestructura de distribución constituye otro de los desafíos. Redes hidráulicas antiguas, fugas, corrosión y filtraciones pueden provocar pérdidas de agua y aumentar la posibilidad de que contaminantes externos ingresen al sistema antes de que el recurso llegue a los hogares.

De acuerdo con datos atribuidos a la Comisión Nacional del Agua (Conagua), hasta 40% del agua potable puede perderse por fugas antes de llegar a los usuarios.

La situación adquiere mayor relevancia en ciudades que han experimentado un crecimiento acelerado, debido a que las redes deben atender una demanda creciente mientras parte de la infraestructura requiere rehabilitación o sustitución.

Contaminación y tratamiento

A estos factores se suma la contaminación de ríos, presas y acuíferos derivada de distintas actividades, entre ellas descargas industriales, aguas residuales, uso de pesticidas y residuos urbanos.

México cuenta con 2 mil 786 plantas de tratamiento de aguas residuales, según cifras citadas de Conagua; sin embargo, el funcionamiento y eficiencia de estos sistemas continúa siendo un desafío para ampliar la capacidad de saneamiento y garantizar una adecuada calidad del recurso.

Ante este escenario, la discusión sobre seguridad hídrica comienza a incorporar no solo la disponibilidad del agua, sino también las condiciones de captación, tratamiento, almacenamiento y distribución.

La modernización de las redes hidráulicas, el mantenimiento preventivo, la utilización de materiales adecuados y el monitoreo permanente pueden contribuir a reducir riesgos de contaminación durante el recorrido del agua hacia los usuarios.

De manera complementaria, sistemas domésticos de filtración, purificación y monitoreo han adquirido mayor relevancia en zonas donde los consumidores buscan contar con controles adicionales sobre la calidad del agua que utilizan.

El reto para Nuevo León y otras entidades con elevada presión sobre sus recursos hídricos consiste así en avanzar hacia un modelo en el que la seguridad del suministro no dependa únicamente de contar con suficiente agua, sino también de garantizar su calidad a lo largo de toda la cadena, desde las fuentes de abastecimiento hasta los hogares.

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