Amalfi Spider: una odisea griega al volante
Por Ben Barry
En las carreteras costeras y los pasos montañosos de Grecia, el Ferrari Amalfi Spider demuestra que no todo se mide con el cronómetro.
El nuevo convertible de Maranello presume cifras capaces de llamar la atención de cualquiera: 640 CV de potencia, aceleración de 0 a 100 km/h en 3.3 segundos y una capota de lona que se repliega en apenas 13.5 segundos. Sin embargo, su mayor virtud aparece cuando se dejan de lado los números y simplemente se disfruta el camino.
El recorrido comienza al oeste de Atenas, bordeando la espectacular costa del Golfo de Megara, para después internarse en las sinuosas carreteras montañosas de Ática occidental. Son dos escenarios muy distintos que permiten descubrir las dos personalidades de este deportivo 2+2: la del gran turismo refinado y la de una máquina capaz de enlazar curvas con la precisión que distingue a Ferrari.
Sucesor del Roma Spider, el Amalfi conserva la fórmula que ha dado identidad a la casa italiana: motor V8 biturbo, tracción trasera, transmisión automática de doble embrague de ocho velocidades y dos plazas adicionales detrás de los asientos delanteros. Pero la incorporación del techo convertible transforma por completo la experiencia.
Con la capota abajo, el conductor no sólo recibe el sol sobre el rostro; también escucha con mayor intensidad el sonido del V8 mientras el paisaje griego entra literalmente al habitáculo.
La unidad de prueba incorpora una capota confeccionada en tejido técnico, cuya textura tridimensional refleja la luz de la mañana frente a un hotel junto al mar. El contraste entre el acabado Rosso Tramonto, la lona de diseño exclusivo y los rines escultóricos de 20 pulgadas convierte al Amalfi Spider en un automóvil tan atractivo detenido como en movimiento.
Más allá de la estética, la capota destaca por su refinamiento. Su construcción de cinco capas logra aislar notablemente el ruido aerodinámico incluso durante un crucero de 130 km/h, mientras los vientos que descienden de las colinas apenas alteran la conversación dentro del vehículo.
Al abandonar la autopista costera y tomar el camino hacia las montañas, basta accionar un interruptor en la consola central para que el mecanismo eléctrico haga su trabajo. La capota puede abrirse o cerrarse incluso circulando a velocidades de hasta 60 km/h, y se pliega silenciosamente detrás de los asientos traseros.
Cuando queda guardada ocupa apenas 220 milímetros de altura, una solución que permite conservar la elegante silueta posterior del coupé sin sacrificar una de las virtudes más prácticas del modelo: una capacidad de equipaje que continúa entre las mejores de su categoría.
Entre pinos, roca y curvas
La ruta asciende poco a poco entre montañas rocosas, barrancos pronunciados y bosques de pino cuyo aroma invade el interior del automóvil. El asfalto, castigado por el sol mediterráneo, presenta zonas polvorientas e irregulares que podrían poner en aprietos a cualquier deportivo de elevada potencia y tracción trasera.
No obstante, uno de los objetivos de los ingenieros de Maranello fue precisamente evitar que el Amalfi Spider resultara intimidante para quienes se acercan por primera vez a un Ferrari.
En el modo Comfort, el convertible sorprende por su facilidad de conducción. La suspensión absorbe con notable suavidad las ondulaciones del camino, mientras el V8 entrega la potencia de manera progresiva y la transmisión de ocho velocidades realiza cambios prácticamente imperceptibles.
Los sistemas electrónicos también desempeñan un papel fundamental. El Side Slip Control 6.1 actúa con rapidez y discreción, corrigiendo cualquier pérdida de adherencia antes de que el conductor perciba una situación comprometida. El resultado es un automóvil que transmite confianza incluso sobre superficies difíciles.
Pero basta girar el manettino hacia los modos Sport o Race para descubrir la otra cara de su personalidad.
La respuesta del acelerador se vuelve inmediata, el motor gana carácter desde el rango medio de revoluciones y el sonido del escape adquiere una presencia mucho más intensa conforme la aguja se aproxima a las 7,500 rpm, donde alcanza su potencia máxima.
Las paletas detrás del volante también cambian la experiencia. Cada cambio de marcha se ejecuta con una rapidez casi instantánea y con un golpe seco que recuerda el chasquido de unos dedos, aportando una sensación mecánica que conecta directamente al conductor con la transmisión.
En esas carreteras griegas, donde cada curva conduce a otra vista del Mediterráneo, el Ferrari Amalfi Spider confirma que su atractivo no reside únicamente en su velocidad. Es un gran turismo capaz de recorrer largas distancias con refinamiento, pero también un deportivo que cobra vida cuando el camino comienza a retorcerse entre las montañas.
Y quizá ésa sea la mejor definición de esta nueva creación de Maranello: un automóvil que convierte cada kilómetro en parte del viaje, no sólo del destino.