Siderurgia

Sidersa apuesta por el acero verde y se adelanta a los estándares climáticos que exigirá Europa

El proyecto Sidersa+ posiciona a la siderurgia argentina en la vanguardia de la transición hacia una producción de acero de baja huella ambiental. La futura planta de Sidersa en San Nicolás fabricará acero con emisiones de carbono 80% inferiores al promedio global, anticipándose varios años a los estándares que la Unión Europea comenzará a exigir de manera obligatoria.

Mientras que el promedio mundial de emisiones en la industria del acero se ubica en 1.79 toneladas de dióxido de carbono por cada tonelada producida, la huella de carbono de la planta de Sidersa será de apenas 0.38 toneladas de CO₂ por tonelada de acero. De acuerdo con Pablo Cattoni, director institucional de la compañía, este nivel de desempeño ambiental recién será un requisito en Europa hacia 2035. “Nosotros ya lo vamos a estar fabricando en San Nicolás en 2028”, subrayó.

Ubicado en la ciudad bonaerense de San Nicolás, el proyecto no solo destaca por su nivel de inversión y la generación de empleo, sino también por el perfil del producto que elaborará. La planta, actualmente en construcción, tendrá una capacidad de 360,000 toneladas anuales de acero verde, una variedad que reduce de manera significativa el impacto ambiental frente a los procesos siderúrgicos tradicionales.

El complejo productivo incorporará tecnología de última generación MIDA QLP-DUE minimill, provista por la firma italiana Danieli, lo que convertirá al Proyecto Sidersa+ en una instalación única en América Latina y en una de las más eficientes y sustentables a nivel global, con una drástica reducción de emisiones respecto de las tecnologías convencionales.

El acero que producirá Sidersa estará alineado con los estándares ambientales más exigentes, un factor clave para los importadores de la Unión Europea, donde este año comenzó a operar el Mecanismo de Ajuste del Carbono en Frontera (CBAM). Bajo este esquema, los importadores deben reportar las emisiones de carbono incorporadas en los productos que ingresan al bloque y, eventualmente, pagar un ajuste si estos no cumplen con los precios del carbono vigentes en Europa.

En este contexto, la estrategia de Sidersa cobra especial relevancia, ya que una producción con baja huella de carbono permitiría evitar costos adicionales asociados al CBAM y mejorar la competitividad del acero argentino en los mercados internacionales. Como resumió Cattoni, la planta de San Nicolás no solo apunta a ser una de las más modernas del mundo, sino también “la más sustentable”, adelantándose a una transformación que marcará el futuro de la industria siderúrgica global.

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