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La transición energética empresarial enfrenta un nuevo reto: el acceso al capital

La tecnología para reducir costos y emisiones ya está disponible. Para las empresas mexicanas, el desafío es financiar su adopción sin sacrificar liquidez, crecimiento ni inversión productiva.

Ciudad de México, 25 de agosto de 2026.— La transición energética de las empresas mexicanas enfrenta un nuevo cuello de botella: no la tecnología, sino el capital necesario para incorporarla.

La demanda de electricidad seguirá creciendo en México durante los próximos años. De acuerdo con estimaciones del PRODESEN 2024-2038, el consumo neto anual podría pasar de 358 mil 670 gigawatts-hora (GWh) en 2024 a 495 mil 781 GWh en 2038, un aumento de 38.2 por ciento.

A nivel global, la Agencia Internacional de Energía (IEA) prevé un crecimiento de alrededor de 4 por ciento anual en el consumo de electricidad hacia 2027, impulsado por la electrificación industrial, la digitalización, los centros de datos y nuevos patrones de consumo.

En este escenario, la discusión empresarial sobre energía está cambiando.

Durante años, el foco estuvo en la evolución de los paneles solares, las baterías y los sistemas para hacer más eficiente el consumo. Ahora, la pregunta que enfrentan muchas compañías es distinta: ¿cómo financiar estas inversiones sin desplazar recursos destinados a producir, expandirse o automatizarse?

La energía compite así directamente por el presupuesto de capital de las empresas.

Cada peso destinado a infraestructura energética es también un peso que podría utilizarse para ampliar una planta, incorporar maquinaria, automatizar procesos o abrir nuevas unidades. Por ello, la transición energética se ha convertido tanto en una decisión ambiental y operativa como en una decisión financiera.

La energía, un costo estratégico

El desafío es especialmente relevante para industrias intensivas en electricidad.

En sectores como almacenamiento en frío, manufactura, hoteles, hospitales y centros logísticos, un suministro estable no sólo determina el costo de operación, sino también la continuidad del negocio.

En el almacenamiento en frío, por ejemplo, los costos energéticos pueden aumentar hasta 6 por ciento anual, mientras que una interrupción prolongada del suministro puede poner en riesgo inventarios completos.

En la manufactura, procesos como fundición, mecanizado y automatización requieren continuidad eléctrica para evitar paros que pueden traducirse en pérdidas mucho mayores que el costo de la propia energía.

La respuesta tecnológica ya existe.

La combinación de generación fotovoltaica y sistemas de almacenamiento de energía mediante baterías —conocidos como BESS— permite generar electricidad, almacenarla y utilizarla en los horarios de mayor demanda o tarifa. También puede reducir picos de consumo, respaldar procesos críticos y elevar el aprovechamiento de la energía generada.

El problema, en muchos casos, es cómo pagar por ella.

Del CAPEX al flujo de efectivo

Aquí es donde están cobrando relevancia nuevos modelos de financiamiento.

Esquemas como los contratos de compraventa de energía (PPA) y el arrendamiento financiero permiten a las compañías incorporar infraestructura energética sin realizar necesariamente grandes desembolsos iniciales.

La lógica es transformar una inversión intensiva en capital —CAPEX— en un esquema de pagos más predecible y compatible con el flujo de efectivo del negocio.

“Antes, la conversación estaba centrada en cuál era el mejor panel o la mejor batería. Hoy la pregunta es cómo implementar esa infraestructura sin comprometer el capital que la empresa necesita para crecer”, señala la industria.

Bajo esta lógica, modelos de financiamiento como los que impulsa Bright buscan convertirse en un habilitador para que las empresas puedan avanzar en sus proyectos energéticos sin sacrificar otras inversiones estratégicas.

 

Ahorros que empiezan a materializarse

El cambio ya comienza a reflejarse en diferentes sectores productivos.

Empresas dedicadas al almacenamiento y procesamiento de alimentos han proyectado ahorros cercanos a 108 millones de pesos durante la vida útil de sus sistemas energéticos.

En el sector industrial, soluciones de generación distribuida han contribuido a fortalecer la continuidad de procesos críticos, mientras que cadenas nacionales de retail estiman beneficios superiores a 265 millones de pesos en un horizonte de 25 años mediante proyectos implementados en múltiples puntos de venta.

Estos casos muestran que la discusión sobre energía está pasando de la reducción de emisiones a una conversación más amplia sobre costos, resiliencia, productividad y retorno sobre la inversión.

La siguiente etapa del mercado apunta, por ello, hacia soluciones que integren generación solar, almacenamiento y esquemas financieros flexibles.

Más que instalar una nueva tecnología, el objetivo es convertir la energía en una ventaja competitiva sin comprometer la liquidez de las compañías.

La transición energética empresarial tendrá así una prueba decisiva en los próximos años: quién puede acceder a la tecnología, pero también quién puede financiarla de manera inteligente.

Las empresas que logren incorporar la energía dentro de su estrategia financiera tendrán mayores posibilidades de reducir costos, enfrentar interrupciones, mejorar su resiliencia y liberar recursos para seguir creciendo en un entorno cada vez más electrificado.

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